lunes, 28 de diciembre de 2015

6 nobtener - björk

nobtener

11 meses después

una vez caíste fuera del amor
nuestro amor no pudo sostenerte
y yo ni siquiera lo noté
pues nuestro amor
me mantenía a salvo de la muerte

tú dudaste de la luz
y de la protección que puede dar
pues dentro del amor somos inmortales
eternos y a salvo de la muerte

si me arrepiento de lo sucedido
estoy negándole a mi alma crecer
no extirpes mi dolor
es la oportunidad que tengo de curarme

después de que nuestro amor terminó
tus brazos no me cargaron más
sin amor siento el abismo
entiendo tu miedo a la muerte

llevamos la misma herida
pero tenemos diferentes curas
lesiones similares
pero remedios opuestos

nunca olvidaré
este nobtener
¿no te arrepentirás
de haber dejado ir al amor?

después de que nuestro amor terminó
tu espíritu entró en mí
ahora somos los guardianes
que lo mantenemos a salvo de la muerte

el amor nos mantendrá a salvo de la muerte



björk


Versión Pavlo Aurel

Tomado de: Vulnicura Booklet. Björk. 6 notget. 2015

jueves, 26 de noviembre de 2015

Last Blues - Cesare Pavese


Último blues, para ser leído algún día

Fue sólo un coqueteo
seguro que lo sabías –
alguien fue herido
hace tanto tiempo.

Todo es igual
el tiempo ha pasado –
un día llegaste
algún día morirás.

Alguien ha muerto
hace tanto tiempo –
alguien que intentó
pero no supo.



11 de abril de 1950.

Versión Pavlo Aurel


Tomado de: VERRÀ LA MORTE E AVRÀ I TUOI OCCHI. Cesare Pavese. Ediciones Perdidas. España. 2005.

domingo, 18 de octubre de 2015

Para aquella a quien le dicen fría - Paul Verlaine



Tú no eres la más amorosa
De aquellas con quien he estado;
Tú no eres la más deliciosa
De las mujeres del pasado invierno.

¡Pero yo te adoro, sin embargo!
Por cierto, tu cuerpo dulce y benigno
En sí, en su calma suprema,
Es generosamente femenino,

En sí voluptuoso sin frase,
Desde los pies largamente besados
Hasta los claros ojos libres de éxtasis,
¡Qué bien y mejores cuando están tranquilos!

Desde las piernas y los muslos
Jóvenes debajo de la joven piel,
A través del olor a conchas,
Y a cangrejos recién pescados,

Gesto discreto, pequeña dulce cosa
A penas sombra de un oro endeble,
Haré de ti una apoteosis
De mi deseo ronco y mudo,

Hasta los bonitos pezones de infanta,
A penas desdibujados en la pubertad,
Hasta tu garganta triunfante
En su gracias venusinas.

Hasta los hombros de luises,
Hasta la boca, hasta la frente
Ingenua de rostros inocentes
Que en el fondo las hace desmentirse,

Hasta los cabellos de bucles cortos como
Los cabellos de un muchacho hermoso,
Pero aún el oleaje nos atrae, en suma,
Entre su arreglo sin modo,


En concurrencia por la lenta espina dorsal
Cebado a placer, hasta el
Culo suntuoso, blancura divina,
Redondeces dignas de tu cincel,

¡Blando Canova! ¡Hasta los muslos
Que fueran de saludar aún,
Hasta las pantorrillas, firmes delicias,
Hasta los talones de rosa y oro!—

¿Si nuestro nudos fueran incoercibles?
No, pero tienen su atractivos, ellos.
¿Si se tornaran terribles?
No, pero regalarían su calor.

Bien que así son las deferencias
Listas para prepararte sin más—
Como tú dices—a los inconvenientes,
Colegiala a quien todavía adoro,

Y te guardo entre las mujeres
De la añoranza, no sin la esperanza,
De cuánto quizá pudimos amarnos
Y que sin duda habremos de recuperar.

Septiembre 1889


Traducción Pavlo Aurel


Tomado de:
Paul Verlaine. Women Men The Secret Poems of Paul Verlaine. The Sheep Meadow Press. Great Britain. 1979. By Alistair Elliot. pp. 20-25

domingo, 13 de septiembre de 2015

El discurso de Rhoda - The Waves (Virginia Woolf)

(Extracto de la novela "Las Olas" de Virginia Woolf)


“En estos momentos la señorita Hudson,” dijo Rhoda, “ha cerrado el libro. Ahora el terror comienza. En estos instantes toma su gis para dibujar seis, siete, ocho figuras, y luego una cruz y después una línea en el pizarrón. ¿Cuál es la respuesta? Los otros miran; ellos miran con entendimiento. Louis escribe; Susan escribe; Neville escribe; Jinny escribe; incluso Bernard ha comenzado a escribir. Pero yo no puedo escribir. Sólo miro figuras. Los otros entregan sus respuestas, uno por uno. Ahora es mi turno. Pero no tengo ninguna respuesta. Los otros pueden irse. Ellos cierran la puerta de golpe. La señorita Hudson se va. Me dejan sola para que encuentre una respuesta. Las figuras ahora significan nada. El significado se ha ido. El reloj hace tic-tac. Las dos manecillas son convoyes marchando a través del desierto. Las líneas negras en el reloj son oasis verdes. La manecilla más larga se ha adelantado para ir a encontrar agua. La otra, tropieza dolorosamente sobre las piedras quemantes del desierto. Morirá en el desierto. La puerta de la cocina se cierra de golpe. Perros salvajes ladran a lo lejos. Mira, la curva de la figura se empieza a llenar de tiempo; abraza al mundo en ella. Comienzo a dibujar una figura y el mundo se enrosca en ella, y yo estoy fuera de este círculo; el cual ahora conecto —de esta manera—y cierro, y hago completo. El mundo está completo, y yo estoy fuera de él, llorando, ‘¡Oh, sálvenme de ser arrancada para siempre de la curva del tiempo!’”

The Waves. Virginia Woolf. The Hogarth Press. Great Britain. 1980. p. 15


Versión de Pavlo Aurel

lunes, 17 de agosto de 2015

Una historia de amor en El Innombrable de Samuel Beckett

La naturaleza de la emoción
(Título propuesto por el traductor para este extractor de la novela The unnamable de Samuel Beckett)


Se aman uno al otro, se casan, para sí amarse mejor, más convenientemente, él se va a la guerra, muere en la guerra, ella llora, con emoción, por haberlo amado, por haberlo perdido, sí, ella se casa otra vez, para así amar de nuevo, más convenientemente otra vez, ellos se aman uno al otro, así como uno ama tantas veces como sean necesarias, tan necesarias para de esta manera ser feliz, él regresa, el otro regresa, de la guerra, no murió del todo, ella va a la estación, para encontrarse con él, él muere en el tren, de emoción, debido a la esperanza de verla de nuevo, de tenerla otra vez, ella llora, llora otra vez, con emoción de nuevo, por perderlo otra vez, sí, regresa a casa, él ha muerto, el otro ha muerto, la suegra lo baja, él se ahorcó, con emoción, debido a la idea que tenía de perderla, ella llora, llora más fuerte, por haberlo amado, por haberlo perdido, ahí está una historia para ti, la cual sirve para mostrarme la naturaleza de las emociones, a eso se le llama emoción, qué pueden hacer las emociones, en ciertas condiciones favorables, qué pude hacer el amor, bien bien, eso es la emoción, eso es el amor, y los trenes, la naturaleza de los trenes, y el significado de tu regreso a la máquina, y a los guardias, las estaciones, las plataformas, la guerra, el amor, ella llora con el corazón hecho pedazos, debe de ser la suegra, sus lloros destrozan el corazón mientras baja a su hijo, o su yerno, no sé, debe ser su hijo, pues ella llora, y la puerta, la puerta de la casa está cerrada con candado, quién la cerró, él el mejor en colgarse, o la suegra la mejor en bajarlo, o para prevenir que la nuera entrara de nuevo a la casa, ahí está una historia para ti, debe ser la nuera y el hijo, como debo razonar para estar seguro en esta tarde, esto tenía como fin enseñarme a razonar, era para inducirme a huir, al lugar donde uno pueda terminar todo, debí de haber sido un buen alumno hasta cierto punto, no pude ir más allá de cierto punto, puedo entender su enojo, esta tarde empiezo a entender, oh no hay peligro, no soy yo, no era yo, la puerta, la puerta es lo que me interesa, una puerta de madera, quién cerró la puerta con candado, y con qué propósito, nunca lo sabré, ahí está una historia para ti, pensé que ya se habían acabado, quizá esta es una nueva, naciendo fresca, es este el regreso al mundo de la fábula, no, es sólo un recordatorio, para arrepentirme de lo que he perdido, para añorar estar de nuevo en aquel lugar del que fui desterrado, desafortunadamente esta historia no me hace recordar nada.

Tradución Pavlo Aurel

Tomado de:
The unnamable. Samuel Beckett. Calder and Boyars Ltd. Great Britain. 1973. pp. 410-411

miércoles, 29 de julio de 2015

Acerca del Tiempo - John Milton


Vuela, Tiempo envidioso, hasta que hayas agotado tu camino,
Apela al paso plomizo de las horas,
Cuya velocidad no es más que la caída en picada de su ritmo;
Y provéete a ti mismo de lo que tu matriz devora,
Que no es más que lo que es falso y vano,
Y meramente restos mortales;
Tan pequeña es nuestra pérdida,
Tan pequeña es tu ganancia.
Porque cuando cada cosa mala hayas enterrado,
Y al último de todo, tu codicioso yo hayas consumido,
Entonces la Eternidad infinita acogerá tu éxtasis
Con un único beso;
Y la felicidad nos cubrirá como una inundación,
Cuando cada cosa sea completamente buena
Y perfectamente divina,
Con Verdad, y Paz, y Amor siempre resplandecerá
Cerca del trono supremo
De aquel cuyo rostro bienaventurado y solo
Cuando nuestra celestial alma haya escalado al cielo,
Entonces esta terrena imperfección abandonaremos,
Ataviados con estrellas, nos sentaremos por siempre,
Triunfantes sobre la Muerte, y el Azar, y sobre ti, oh Tiempo.

(1632?)

miércoles, 1 de julio de 2015

El apartamento - J. M. Coetzee (Dostoievski)


(Historia supuestamente escrita por Dostoievski en la novela The Master of Petersburg de J. M. Coetzee)


Duerme tarde, levantándose raramente antes del mediodía, cuando el apartamento se ha vuelto tan caluroso que las sabanas están empapadas de su sudor. Da un traspié al llegar al reducido baño y salpica un poco de agua sobre su rostro y cepilla sus dientes con su dedo y regresa dando trompicones al apartamento. Ahí, sin rasurarse y con el cabello desordenado, desayuna lo que su casera ha dejado para él (la mantequilla derretida en estos momentos, y con mosquitos flotando sobre la leche). Después se rasura y se pone la ropa interior de ayer, la camisa de un día anterior y el traje blanco (la raya de sus pantalones afilada como un cuchillo debido a que estuvo presionada debajo del colchón toda la noche), y se humedece el cabello y lo acomoda; y después, habiéndose preparado para el día, pierde interés, pierde sus motivos: se sienta de nuevo a la mesa todavía en desorden con los trastos del desayuno y cae en un ensueño, o desparrama su cuerpo, cortándose las uñas con un cuchillo, esperando a que algo pase, a que la niña regrese del colegio.
Se pone a vagar por el apartamento, abriendo cajones, tomando una que otra cosa.
Se encuentra un relicario con las imágenes de su casera y su esposo muerto. Deja caer su saliva sobre el vidrio y lo abrillanta con su pañuelo. La pareja se mira luminosamente entre sí, a través de la minúscula prisión.
Sepulta su rostro en la ropa interior de su casera, oliendo el ligero olor a lavanda.
Está inscrito en una universidad pero no acude a clases. Se une a un kuzhok, un círculo cuyos miembros experimentan con el amor libre. Una tarde trae a una chica de piel morena a su cuarto. Se le ocurre que debería cerrar con llave la puerta, pero no lo hace. Él y la chica hacen el amor; se quedan dormidos.
Un sonido lo despierta. Sabe que alguien los está observando.
Él acaricia a la chica y ella se despierta. Los dos están desnudos, hermosos, en el vigor de su juventud. Hacen el amor una vez más.
Durante todo este tiempo él es consciente de que la puerta no está cerrada del todo, de que la niña está observándolos. Su placer se agudiza; se transmite a sí mismo a la chica: nunca antes han experimentado una dulzura tan negra.
Cuando más tarde se lleva a la chica a su casa, él deja la cama en desorden para que la niña, al explorar, pueda familiarizarse con los olores del amor.
Cada miércoles en la tarde de ahora en adelante, por el resto del verano, él trae a la chica a su cuarto, siempre la misma chica. Cada vez, cuando ellos se van, el apartamento parece vacío; cada vez, él sabe, la niña se ha acercado sigilosamente, ha visto o escuchado, y ahora está escondida en algún lugar.
“Hazlo de nuevo,” la chica susurra.
“¿Hacer qué?”
“¡Eso!” ella susurra, enardecida por el deseo.
“Primero di las palabras,” él dice, y hace que ella las diga. “Más fuerte,” él dice. Decir las palabras excita a la chica enormemente.
Él recuerda a Svidrigailov: “A las mujeres les gusta ser humilladas.”
Piensa en todo esto como desarrollándose un gusto en la niña, como cuando uno desarrolla un gusto por comidas exóticas, ostras o panes dulces.
Se pregunta a sí mismo por qué lo hace. La respuesta que se da es: La historia está llegando a su fin; los viejos libros serán pronto arrojados al fuego; en este tiempo muerto entre lo viejo y lo nuevo, todas las cosas están permitidas. No cree particularmente en su respuesta, tampoco la descree. Le sirve.
O se dice a sí mismo: Es la culpa del verano en Petersburgo – esas tardes largas, calientes, mal ventiladas con moscas zumbando contra los cristales de las ventanas, estas noches cargadas con el zumbido de los mosquitos. Dejadme vivir aquí todo este verano, y también todo el invierno; después cuando la primavera llegue, me iré a Suiza, a las montañas, y me convertiré en otra persona.
Come con su casera y la hija de esta. Un miércoles en la noche, pretendiendo estar borracho, se inclina sobre la mesa y despeina el cabello de la niña. Ella se retrae. Él se da cuenta de que ella no se ha lavado las manos, y que se ha impregnado del aroma que queda después de hacer el amor. Sonrojándose, llena de confusión, ella se inclina sobre su plato, no lo mirará a los ojos.

Tomado de:
The Master of Petersburg. J. M. Coetzee. Penguin Books. USA. 1994. pp.242-245.

Traducción Pavlo Aurel

viernes, 26 de junio de 2015

Corona - Paul Celan


Sobre mi mano el otoño mordisquea su hoja: somos amigos.
Le quitamos la cáscara al tiempo y le enseñamos a andar:
el tiempo regresa a su cáscara.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca narra verdad.

Mi ojo se desliza hasta el sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos sombras,
nos amamos uno al otro como amapola y memoria,
dormimos como el vino en las conchas,
como el mar en los rayos ensangrentados de la luna.

Estamos abrazados junto a la ventana, nos miran desde la calle:
¡ya es tiempo de que se enteren!
Es tiempo de que la piedra consienta florecer,
de que al desasosiego le lata un corazón.
Es tiempo de que sea tiempo.


Ya es tiempo.


Traducción Pavlo Aurel

sábado, 30 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 6)


VI

Aunque no tengo la esperanza de volver de nuevo
Aunque no tengo la esperanza
Aunque no tengo la esperanza de volver

Vacilando entre la ganancia y la pérdida
En este breve transito donde los sueños se cruzan
El crepúsculo de sueños cruzados entre el nacer y el morir
(Bendíceme padre) aunque ya no deseo desear estas cosas
Desde la ventana amplia que da a la costa de granito
Las velas blancas aún vuelan en dirección al mar, en dirección al mar volando
Irrompibles sus alas

Y el corazón perdido se tensa y se regocija
Entre las lilas perdidas y las perdidas voces del mar
Y el espíritu débil que se apura a rebelarse
Por la barra de oro doblada y el olor del perdido mar
Se apura a recobrarse
El grito de la codorniz y el remolino del chorlito
Y el ojo ciego crea
Las formas vacías entre las puertas de marfil
Y el olor renueva el sabor a sal de la tierra arenosa

Esta es la hora de tensión entre el morir y el nacer
El lugar de soledad donde tres sueños se cruzan
Entre las rocas azules
Pero cuando las voces agitadas por el tejo vagan a la deriva
Permite que el otro tejo sea agitado y conteste.
Hermana bendecida, bendita madre, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,
No nos hagas sufrir al tratar de engañarnos los unos a los otros
Enséñanos a que nos importe algo y a que no nos importe
Enséñanos a sentarnos en silencio
Aun entre las rocas
Nuestra paz es Su voluntad
Y aun entre estas rocas
Hermana, madre
Y espíritu del río, espíritu del mar,
No me hagas sufrir al ser separado

Y permite a mi clamor llegar a Ti.


Traducción Pavlo Aurel 

viernes, 29 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 5)


V

Si la palabra perdida está perdida, si la palabra gastada está gastada
Si la no escuchada, impronunciable
Palabra es impronunciable, inescuchada;
Aún es la impronunciable palabra, la Palabra inescuchada,
La Palabra sin una palabra, la Palabra entre
El mundo y para el mundo;
Y la luz resplandeció en la oscuridad y
En contra de la palabra la palabra inquieta todavía se arremolina
Cerca del centro de la Palabra silente.

            Oh pueblo mío, qué les he hecho a ustedes.

¿Dónde deberá ser encontrada la palabra? ¿Dónde la palabra
resonará? No aquí, no hay suficiente silencio
Tampoco en el mar o sobre las islas, mucho menos
Sobre el territorio principal, el desierto o la tierra lluviosa,
Para aquellos quienes caminan en la oscuridad
Tanto en las horas del día como en las horas de la noche
El tiempo preciso y el lugar correcto no están aquí
Ningún lugar de gracia para aquellos que evitan el rostro
Ninguna hora para regocijarse para aquellos que camina entre el ruido y niegan la voz

¿Acaso rezará la hermana con velo por
Aquellos que caminan en la oscuridad, quienes te escogen y se oponen a ti
Aquellos que son destrozados sobre el asta entre época y época, tiempo y tiempo, entre
Hora y hora, palabra y palabra, poder y poder, aquellos quienes esperan
en la oscuridad? ¿Rezará la hermana con velo
Por los niños en la puerta
Quienes nunca se van y no pueden rezar:

Rezará por aquellos que eligen y se oponen?

Oh pueblo mío, qué les he hecho a ustedes.

¿Rezará la hermana con velo entre los esbeltos
Tejos por aquellos que la ofenden
Y son aterrorizados y no se pueden dar por vencidos
Y afirman ante el mundo y niegan entre las rocas
En el último desierto entre las rocas azules
El desierto en el jardín el jardín en el desierto
De sequía, escupiendo por su boca la semilla marchita de la manzana?

            Oh pueblo mío.


Traducción Pavlo Aurel

jueves, 28 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 4)


IV

Quien caminó entre el violeta y el violeta
Quien caminó entre
Las varias tonalidades de diversos verdes
Yendo vestido de blanco y azul, de los colores de María,
Hablando de cosas triviales
En ignorancia y en conocimiento del dolor eterno
Quien se movió entre los otros mientras caminaban
Quien entonces hizo robustas a las fuentes y fresca a la primavera

Refrescó la roca seca e hizo firme a la arena
En el azul del acónito, el azul del color de María,
Sovegna vos

Aquí están los años que caminan en medio, portando
A lo lejos los violines y las flautas, restaurando
A aquel quien se mueve entre el sueño y el despertar, llevando puesto

Un pliegue blanco y ligero, envainado en ella, el pliegue.
Los nuevos años caminan, restaurando
A través de una nube brillante de lágrimas, los años, restaurando
Con un nuevo verso la rima antigua. Redime
El tiempo. Redime
La visión aún no leída en lo más alto del sueño
Mientras los unicornios enjoyados son tirados por el fúnebre carro de oro

La hermana silenciosa y con un velo blanco y azul
Entre los tejos, detrás del dios jardín,
Cuyas flautas sin aliento, doblaron su cabeza y la marcaron pero no dijeron una sola palabra

Pero la fuente dio un salto y el ave detuvo su canto
Redime el tiempo, redime el sueño

La señal de la palabra que no ha sido escucha, dicha
Hasta que el viento sacuda mil susurros desde los tejos

Y después de esto nuestro exilio

Traducción Pavlo Aurel

miércoles, 27 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 3)


III

En la primera vuelta de la segunda escalera
Volteé y miré abajo
La misma forma distorsionada sobre la barandilla
Debajo del vapor en el aire fétido
Luchando con el demonio de las escalera quien lleva puesto
El rostro engañoso de la esperanza y la desesperación.

En la segunda vuelta de la segunda escalera
Los dejé distorsionándose, volteando hacia abajo;
No había ningún rostro y la escalera era oscura,
Húmeda, dentada, como la boca aburrida de un hombre viejo, más allá de lo reparable,
O el esófago con dientes de un tiburón anciano.

En la primer vuelta de la tercera escalera
Se encontraba una ventana con ranuras, cóncava como el fruto de los higos
Y más allá de un espino blanco en flor y una escena pastosa
La figura de amplia espalda vestida de azul y verde
Embruja las horas de mayo con su flauta antigua.
El cabello que nada sobre el viento es dulce, cabello café sobre la boca que sopla,
Cabello café y lila;
Distracción, música de flauta, paradas y pasos de la mente sobre la tercer escalera,
Desvaneciéndose, desvaneciéndose; fuerza más allá de la esperanza y la desesperación
Subiendo por la tercer escalera.

Señor, yo valgo nada
Señor, yo valgo nada

                        Pero sé sólo pronunciar la palabra.


Traducción Pavlo Aurel

martes, 26 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 2)


II

Señora, tres leopardos blancos se sentaron debajo de un enebro
En la frescura del día, habiendo comido hasta la saciedad
De mis piernas mi corazón mi hígado y todo lo que estaba dentro
Del hueco redondo de mi cráneo. Y Dios dijo
¿Deben estos huesos vivir? ¿Deben estos
Huesos vivir? Y lo que ha estado contenido
En los huesos (los cuales se encontraban ya secos) dijo gorgojando:
Debido a la bondad de esta Señora
Y debido a su encanto, y porque
Ella honra a la Virgen en sus meditaciones,
Nosotros resplandecemos con luminosidad. Y yo, quien estoy aquí escondido,
Ofrezco mis hazañas al olvido, y mi amor
A la posteridad del desierto y a la frutos de la calabaza.
Es esto lo que se recobra
Mis intestinos las cuerdas de mis ojos y las porciones indigestibles
Que los leopardos han rechazado. La Señora se retira
Con una toga blanca, hacia la contemplación, con una toga blanca.
Permitámosle a la blancura de los huesos lamentarse por el olvido.
No hay vida en ellos. Porque he sido olvidado
Y seré olvidado, entonces olvidaré
así devoto, concentrado a propósito. Y Dios dijo
Profetiza al viento, y sólo el viento sólo
El viento escuchará. Y los huesos cantaron gorgojando
Con la carga del saltamontes, diciendo

Señora de los silencios
Con calma y angustiada
Hecha pedazos y casi completa
Rosa de la memoria
Rosa del completo olvido
Cansada y dadora de vida
Descansando preocupada
La única Rosa
Es ahora el Jardín
Donde todos los amores acaban
Termina el tormento
Del amor insatisfecho
El más grande tormento
Del amor satisfecho
Fin de lo infinito
Viaje sin un destino
Conclusión de todo aquello
Que es inconcluible
Discurso sin palabra y
Palabra carente de discurso
Gracia a la Madre
Por el Jardín
Donde todo amor termina.

Debajo del enebro los huesos cantaron, se esparcieron y resplandecieron
Estamos felices de ser esparcidos, hicimos poco bien el uno por el otro,
Debajo de un árbol en la frescura del día, con la bendición de la arena,
Olvidándonos nosotros mismos y a los otros, unidos
En la quietud del desierto. Esta es la tierra que tú
Dividirás entre muchos. Y ninguna división ni unidad
Importa. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.


Traducción Pavlo Aurel 

lunes, 25 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 1)


I

Porque no tengo la esperanza de volver de nuevo
Porque no tengo la esperanza
Porque no tengo la esperanza de volver
Deseando el regalo de aquel hombre y las oportunidades de aquel otro
Ya no puedo esforzarme por alcanzar esas cosas
(¿Por qué debería el águila vieja desplegar sus alas?)
¿Por qué debería lamentarme por
el poder ausente del reino habitual?

Porque no tengo la esperanza de conocer de nuevo
La enfermiza gloria de la hora auténtica
Porque ya no pienso
Porque sé que no debería saber
Del único y verdadero poder transitorio
Porque ya no puedo beber
Ahí, donde los árboles florecen, y las primaveras fluyen, pues siempre hay nada de nuevo

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
Y el lugar es siempre sólo lugar
Y lo que es un hecho es un hecho sólo para un tiempo
Y sólo para un lugar
Me regocijan las cosas que son como son y
Renuncio al rostro sagrado
Y renuncio a la voz
Porque no tengo la esperanza de volver de nuevo
Por esto, me regocijo, teniendo que construir algo

Sobre lo cual pueda regocijarme

Y rezar a Dios para que tenga clemencia sobre nosotros
Y rezar para que pueda olvidar
Estas ideas que discuto muchas veces conmigo mismo
Muchísimas explicaciones
Porque no tengo la esperanza de volver de nuevo
Permitamos que estas palabras contesten
Por lo que está hecho, para no ser hecho otra vez
Puede ser que el juicio no sea tan pesado sobre nosotros

Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino meramente bastidores que golpean el aire
El aire que ahora es profundamente pequeño y seco
Más pequeño y seco que la voluntad
Enséñanos a que nos importe algo y a que no nos importe
Enséñanos a sentarnos en silencio.

Recen por nosotros los pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte
Recen por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.


Traducción Pavlo Aurel

domingo, 24 de mayo de 2015

Madrigal – Tomas Tranströmer


Heredé un bosque oscuro en el cual muy de vez en cuando me adentro. Pero llegará el día cuando los muertos y los vivos cambien de lugar. El bosque será puesto en movimiento. No podemos vivir sin esperanza. Los crímenes más imperdonables quedarán sin resolver a pesar de los esfuerzos de miles de policías. De la misma manera, existe en un lugar de nuestras vidas un gran amor sin resolver. Heredé un bosque oscuro, pero hoy me encuentro caminado en el otro bosque, el que está lleno de luz. Todos los seres vivos que cantan, ¡se mueven, menean sus colas, y reptan! Es primavera y el aire es impetuoso. Me he graduado de la universidad del olvido y mis manos se encuentran tan vacías como la camisa que cuelga en el tendedero.


Traducción Pavlo Aurel


domingo, 19 de abril de 2015

SER ONDA, OFICIO, NIÑA, ES DE TU PELO - Miguel Hernández


Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo,
nacida ya para el marero oficio;
ser graciosa y morena tu ejercicio
y tu virtud más ejemplar ser cielo.

¡Niña!, cuando tu pelo va de vuelo,
dando del ciento claro un negro indicio,
enmienda de marfil y de artificio
ser de tu capilar borrasca anhelo.

No tienes más que hacer que ser hermosa,
ni tengo más festejo que mirarte,
alrededor girando de tu esfera.

Satélite de ti, no hago otra cosa,
si no es una labor de recordarte...
―¡Date presa de amor, mi carcelera!

lunes, 13 de abril de 2015

Δώρια & ΙΜΕΙΡΩ - Dos poemas de Ezra Pound


Δώρια

Sé en mí como los humores eternos
            del viento sombrío, y no
transitoria como las cosas—
            alegría de las flores.
Colócame en la pesada soledad
            de acantilados sin sol
y de aguas oscuras.
            Permite que los dioses hablen en susurros sobre nosotros
Desde aquí en adelante,
            Las misteriosas flores del Orco
Te recordarán.



ΙΜΕΙΡΩ

Tu alma
Delicada creció hasta la saciedad,
Atis,
Oh Atis,
Añoro tus labios.
Añoro tu pecho ajustado,
Tú inquieta, irrecogida.



Traducción Pavlo Aurel

Tomados de Selected Poems of Ezra Pound. Ezra Pound. New Directions Paperbook. USA. Fourth printing, 1962. p.21 & 37.


martes, 31 de marzo de 2015

En Castle Wood - Emily Brontë


El día ha llegado a su fin, el sol invernal
Se ha puesto sobre el cielo plomizo;
Y lúgubre el curso por donde ha caminado,
Y tenues los rayos que poco a poco enmudecen.

Ninguna estrella alumbrará mi noche que se acerca;
Ninguna luna de esperanza brillará por mí;
Llevo un luto que ningún cielo podría soportar ante su mirada,
Y nunca añoré ningún sendero divino.

A pesar de la difícil tarea de la vida, yo no pedí
Ayuda celestial, ánimo divino:
Miré a mi destino sin su máscara,
Y lo enfrenté, también, sin derramar una lágrima.

La pena que presiona este pecho aún palpitante
Fue más pesada de lo que la tierra puede ser;
¿Y quién tendría temor al descanso eterno
Cuando la jornada de trabajo fue la agonía?

La oscuridad hace descender el miedo de esta desesperación
Sobre los espíritus que nacieron para ser felices;
Pero yo fui criada como la compañera del cuidado,
La niña acogida por la dolorosa angustia.

Ningún suspiro para mí, nada de simpatía,
Ningún deseo quede guardado debajo de mi alma;
Mi corazón está muerto desde mi niñez,
Impaciente por dejar que el cuerpo se marche.


2 de febrero de 1844.


Traducción Pavlo Aurel


Tomado de: Wuthering Heights. Emily Brontë. Heinemann Educational Books Ltd. Great Britain. 1973. pp. 294-295.

viernes, 20 de marzo de 2015

ESCUCHA, DAISY. CUANDO MUERA, AUNQUE - Álvaro de Campos


Sobre un barco hacia oriente
Diciembre 1913

Escucha, Daisy. Cuando muera, aunque
tú quizá no sientas nada, debes
decirle a todos mis amigos en Londres cuanto
mi pérdida te hace sufrir. Después ve

a York, donde clamas haber nacido
(pero no creo nada de lo que cuentas),
a decirle a aquel pobre chico quien me dio
tantas horas de alegría (pero por supuesto

tú no sabes nada de aquello) que estoy muerto.
Aunque a él, a quien pienso que sinceramente
amé, no le importará… Luego ve y hazlo

público a esa extraña chica llamada Cecily,
quien creyó que algún día sería grande…

¡Al demonio con la vida y con todos en ella!


Traducción Pavlo Aurel


Tomado de:
Fernando Pessoa & Co. Selected Poems. Fernando Pessoa. Edited and Translated from the Portuguese by Richard Zenith. USA. 2003. P. 144.

domingo, 15 de marzo de 2015

Una confesión - Czeslaw Milosz


Señor mío, amé la mermelada de fresa
y el dulzor oscuro del cuerpo de una mujer.
También el vodka bien escanciado, arenques en aceite de oliva,
esencias de canela, de clavo.
Entonces, ¿qué tipo de profeta soy? ¿Por qué debió tu espíritu
visitar a un hombre como yo? Muchos otros
fueron justamente llamados, y merecedores de confianza.
¿Quién pudo haber confiado en mí? Porque ellos vieron
como vaciaba los vasos, me lanzaba sobre la comida,
y miraba con lujuria el cuello de la mesera.
Imperfecto y consciente de ello. Deseando grandeza,
capaz de reconocer la grandeza donde sea que se encuentre,
y todavía no muy, sólo en parte, clarividente,
yo sabía lo que se le dejaba a los hombres tan pequeños como yo:
un festín de esperanzas cortas, una carrera de orgullo,
un torneo de jorobados, literatura.


Berkeley, 1985


Traducción Pavlo Aurel

Tomado de:
If There is No God: Selected Poetry and Prose of Czeslaw Milosz. Burning Man Books. USA. 2007. E-book.

domingo, 8 de marzo de 2015

“sobre una ana flor” - kurt schwitters


¡oh tú, amada mía de mis 27 sentidos, te amo!
tú, tuyo, tú tú, yo tú, tú yo, --- ¿nosotros?
¡eso no se ha escuchado casualmente por aquí!
¿quién eres tú, interminable mujer, quién eres, quién eres?
la gente dice que tú ya has sido.
déjalos hablar, ellos no saben cómo se encuentra el campanario.
tú llevas el gorro sobre tus pies y caminas con tus manos,
sobre tus manos caminas tú.
hola, a tu vestido rojo, entre dobleces blancos aserrado,
al rojo yo amo ana flor, rojo-yo te amo a ti.
tú, tuyo, tú tú, yo tú, tú yo, --- ¿nosotros?
¡eso se ha escuchado casualmente en los fríos rescoldos!
ana flor, roja ana flor, ¿qué dice la gente?
la pregunta del millón:
1. ana flor tiene un ave,
2. ana flor es roja.
3. ¿de qué color es el ave?
azul es el color de tu cabello amarillo,
rojo es el color de tu ave verde.
tú delicada chiquilla con tu vestido de todos los días,
tú animal verde y amado, ¡te amo!
tú, tuyo, tú tú, yo tú, tú yo, --- ¿nosotros?
eso se ha escuchado en el --- torso de los rescoldos.
¡ana flor, ana, a---n---a!
yo hago gotear en mi boca tu nombre.
tu nombre se encharca como suave grasa de res.
eso lo sabes ana, eso lo sabes bien,
se te puede también desde aquí leer.
y tú, tú la más maravillosa de todas,
tú vienes desde allá, como si fueras hacia adelante:
a-----n-----a
grasa de res gotea un hachazo sobre mi columna vertebral.
ana flor,
tú pobre animalillo,
¡te-----amo!


Traducción de Pavlo Aurel

martes, 24 de febrero de 2015

La Balada de Jesús Bromista - James Joyce


Soy el compañero más homosexual del que has oído hablar.
Mi madre es judía, mi padre es un ave.
Con José el maderero no puedo estar de acuerdo,
Así que de aquí voy hacia mis discípulos y al calvario de sufrimientos.

Si alguno de ustedes pensara que no soy divino
No obtendrá bebidas gratis cuando esté haciendo el vino
Mas tendrá que beber agua y desear que fuera sencillo
Lo que yo hago cuando de nuevo el agua deja de ser vino.

Adiós, por ahora, adiós. Pongan por escrito todo lo que he dicho
y díganle a Tom, Dick y Harry que me levanté de entre los muertos.
Que lo que crece entre los huesos no me impidió volar
ni la briza de Olivet... Adiós, por ahora, adiós.


Traducción de Pavlo Aurel


Tomado de: Ulysses. James Joyce. Random House, Inc. New York. pp. 20-21.

jueves, 19 de febrero de 2015

Ahora nuestras palabras - Maria Banus


Ahora, cuando el aire es tibio,
nuestras palabras van al parque,
y en cierto banco ellas están juntas,
manga junto a manga, riñón junto a riñón,
ojo junto a ojo, vocal neutra
junto a vocal neutra,
sin terror frente al pequeño estanque
y al quiosco de limonada,
a los senderos con arena brillante
que llevan a la avenida y a otra avenida.
¿Pero quién sabe ya
que más allá de todas las avenidas
hay un campo calcinado
donde brincan los potrillos
en el terror y la ternura,
con las fosas llenas de algas,
de cara al mar?


Maria Banus en La mesa del silencio. Once poetas rumanos contemporáneos.Territorio Poético A. C. 2010. p. 35. selección y traducción de Omar Lara

jueves, 12 de febrero de 2015

Amigos - Marin Sorescu

Eh, vamos a suicidarnos, le digo a mis amigos,
hoy nos hemos entendido tan bien,
estuvimos tan tristes,
esta perfección en común
no la lograremos otra vez
y es una pena perder este momento.

Creo que en la bañera es el modo más trágico,
imitemos a los brillantes romanos
que se cortaban las venas
mientras discutían sobre la esencia del amor.
Fíjate, he calentado el agua,
empecemos, queridos amigos, yo cuento:
uno, dos, tres...

En el infierno quedé un tanto sorprendido
    descubriendo que estoy solo.
Unos, tal vez, mueren con más dificultad, me dije, tienen
    más amarras con la vida.
No puede que me hayan engañado: la palabra dada
    algo significa,
pero el tiempo pasa...

Me fue bastante duro en el infierno, les aseguro,
sobre todo al comienzo, saben, estaba solo,
no había con quien cambiar unas palabras,
pero poco a poco logré integrarme, hice algunos amigos.

Formamos un círculo extraordinariamente unido,
discutíamos toda suerte de cuestiones teóricas,
nos sentíamos admirablemente bien,
desembocamos incluso en el suicidio.

...Y de nuevo me descubro solo en el purgatorio
buscando algunas almas más cercanas,
aunque son bastante suspicaces
los purgatorienses con su confusa situación
entre dos mundos;
una muchacha me ama, es bellísima,
tenemos momentos de indecible éxtasis ¡formidable, fantástico!

E incluso estoy a punto de decirle...
Experimentando, la dejo a ella primero,
yo me suicido recién después de ella,
pero la muchacha la sabe por libro y resucita;
y heme solo en el paraíso;
nadie jamás había llegado aquí,
soy el primer hombre, el mundo existe como un proyecto,
algo muy vago
en la cabeza de Dios,
con quien hasta me he amistado de un tiempo a esta parte.

La tristeza existe en todos los niveles,
Dios está desesperado,
miro sus ojos vacíos y me extravío en ellos.
Él se desliza zumbando en los precipicios de mis muertes.
Nos entendemos de maravilla,
Señor, creo que hemos logrado la perfección.
Tú, en primer lugar,
¿qué pasaría si dejamos todo en tinieblas?


Marin Sorescu en La mesa del silencio. Once poetas rumanos contemporáneos. Territorio Poético A. C. 2010. pp. 91-92. selección y traducción de Omar Lara

lunes, 26 de enero de 2015

El Prestidigitador - Vladimir Nabokov

Habiendo completado el Prólogo, el lector serio se encuentra familiarizado con el relato de los orígenes de Lolita. Ese “inicial estremecimiento de inspiración” dio como resultado una pequeña historia, “El Prestidigitador” (“Volshebnik”), escrita en ruso en 1939, pero nunca publicada. Nabokov extrajo dos pasajes para el estudio crítico de Andrew Field (Field, Andrew, Nabokov: His Life in Art. Boston: Little, Brown, 1967. Pp. 328-329.). En el primer pasaje, el prestidigitador ve a la pequeña niña por primera vez en los Jardines de las Tullerías:

Una chica de doce años (él solía determinar la edad con un ojo atinado), traía puesto un vestido violeta, estaba moviendo paso a paso su patines, los cuales no funcionaban sobre la grava —elevando cada uno de ellos a la vez y haciéndolos descender con un crujido— mientras ella avanzaba con un tipo de paso japonés, a través del éxtasis de los rayos de sol, hacia la playa. Más tarde (tanto tiempo como ese “más tarde” perduró) le pareció a él que justo en ese momento, a primera vista había tomado sus medidas de pies a cabeza: la vivacidad de sus rizos entre café y rojizos que habían sido recientemente arreglados, la luminosidad de sus enormes ojos de mirada ausente los cuales le hicieron recordar una semitranslucida grosella espinosa, el festivo color cálido de su rostro, su boca sonrosada, apenas abierta para que dos de sus grandes dientes frontales estuvieran descansado ligeramente sobre el cojín de su labio inferior, el bronceado tono del verano sobre sus brazos desnudos con unos vellos lustrosos parecidos a los de un zorro, los cuales corrían alrededor de su antebrazo, la vaga ternura de su pecho pequeño pero no plano, el movimiento de los pliegues de su falda, su corta extensión y ligero volver a caer en el lugar preciso, la esbeltez y resplandor de sus descuidadas piernas, las sólidas correas de sus patines. Ella se detuvo enfrente de la amable señora que estaba sentada al lado de él y quien, poniendo su atención en algo que tenía a su mano derecha, encontró y tendió la mano a la pequeña niña para darle un pedazo de chocolate en una pieza de pan. Masticando rápidamente, ella deshizo las correas con su mano libre, se quitó de encima todo el peso de las suelas de metal que tenían las llantas —y, descendiendo hacia nosotros en la tierra, se enderezó con una repentina sensación de desnudez celestial la cual le tomó un momento para darse cuenta de que había sido moldeada por zapatos y calcetines, ella se fue corriendo.

De acuerdo con Field, Arthur no hace ningún acercamiento sexual hasta casi en la página final, justo después de que la madre de la niña ha muerto:

“¿Es aquí donde duermo?” la pequeña preguntó indiferente, y cuando, luchando contra el postigo para así cerrar la puerta deslizante entre los dos, él contestó “sí”, ella miró la gorra que traía en las manos y sin fuerzas la lanzó sobre la extensa cama.
“Bien,” él dijo después de que el viejo maletero que había llevado su equipaje se hubo retirado, y ahí sólo quedaban el latir de su corazón y el tiritar distante de la noche, “Bueno… Ahora a la cama.”
Temblorosa en su somnolencia, ella tropezó con la orilla del sillón, y, después, al tratar de sentarse, él la atrajo hacía sí con su brazo rodeando su cadera; ella, arqueando su cuerpo, creció como un ángel, tensando todos sus músculos por un momento, dio todavía otro mediopaso más, y luego ligeramente se sentó sobre su regazo. “Mi querida, mi pobre y pequeña niña,” él murmuró en una especie de niebla total de compasión, ternura, y deseo, observando su somnolencia, su confusión, su triste sonrisa, acariciándola a través de su vestido obscuro, sintiendo el delgado resorte de su ropa interior a través de la fina lana, pensando en su desamparo, su estado de abandono, su calor, disfrutando del animado peso de sus piernas que holgadas se extendían una y otra vez y, con un susurro ligero del cuerpo, se erguían cada vez un poco más —y ella lentamente enrollaba uno de sus adormilados brazos de mangas ligeras alrededor del cuello de él, haciéndole que se sumergiera en el olor castaño de su suave cabello.

Pero Arthur falla tanto como prestidigitador y como amante, y después muere del mismo modo en que Nabokov hará morir a Charlotte Haze. Mientras tanto la escena claramente prevé la que será la primera noche en el hotel de Los Cazadores Encantados, su acción sencilla y tono solemne son muy diferentes, y están comprimidos en unos cuantos párrafos que más tarde ocuparán  dos capítulos (en la novela). El placer que encuentra Arthur en el “animado peso” de la niña sugiere considerablemente más la regazo-ardiente escena en Lolita (cuando Humbert en una mañana dominical juega con Lolita y la hace suya muy a su manera. Capítulo 13), tal vez el intervalo más erótico de la novela —pero sólo lo sugiere. Aparte de estos ecos, uno debe asumir, dada la evidencia de estos dos largos pasajes, que poco más allá de la idea básica de la historia subsiste en Lolita; y la forma de narrarlo es literalmente un mundo aparte.
“El prestidigitador” estuvo sin publicarse no por lo prohibitivo que había en el tema, sino, dice Nabokov, porque la niña poseía poca “apariencia de realidad”.1 En 1949, después de mudarse de Wellesley a Cornell, se vio envuelto en un “nuevo tratamiento del tema, pero esta vez en inglés.” Aunque Lolita “se desarrolló lentamente,” tomando cinco años para completarla, Nabokov tuvo todo en mente desde muy temprano.


1Uno debe recordar que la historia pudo haber sido leída por una audiencia rusa de emigrados, hace notar Andrew Field. Temas fuertemente eróticos (pero opuestos a la pornografía) han sido usados “con seriedad” más frecuentemente por escritores rusos que por sus homólogos ingleses y americanos. Field señala a Dostoievski (el capítulo suprimido de Los Endemoniados), Leskov, Sologub, Kuzmin, Rozanov, Kuprin, Pilnyak, Babel, y Bunin (ibid., p. 332). Field también resume los argumentos de dos historias tempranas y aún no traducidas de Nabokov las cuales tratan temas sexuales, “Una Historia de Hadas” (1926) y “Un Compañero Elegante” (1936). (ibid., pp. 333–334)

Traducción de Pavlo Aurel.


Extracto tomado de The annotated LOLITA. Vladimir Nabokov. Editado por Alfred Appel, Jr., con prefacio, introducción y notas de Alfred Appel, Jr. Pp. xxxvii–xxxix. McFraw-Hill. USA. 1970.


Para un análisis de los orígenes de Lolita se puede leer el artículo en el siguiente link:

martes, 20 de enero de 2015

Cumpleaños - Álvaro de Campos


En aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños
yo era feliz y nadie estaba muerto.
En la casa antigua, incluso el día de mi cumpleaños era una tradición de hace siglos
y la alegría de todos, y la mía, era evidente como una religión cualquiera.

En aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños
yo disfrutaba de la buena salud que era no entender cosa alguna,
de ser inteligente a los ojos de mi familia,
y de no tener las esperanzas que otros tenían por mí.
Cuando empecé a tener esperanzas, ya no sabía cómo tener esperanzas.
Cuando empecé a mirar la vida, ésta había perdido todo sentido para mí.

Sí, aquel quien suponía ser yo,
el que fui de corazón y parentesco,
el que fui de saraos medio provincianos,
el que fui de que me amaran y de ser yo niño,
el que fui, ay, ¡Dios Mío!, el que sólo hoy sé que fui…
¡A qué distancia!...
(ni el eco…)

¡Aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños!

El que hoy soy es como la humedad en el corredor del fondo de la casa,
poniendo espigas en las paredes…
El que hoy soy (y la casa de los que me amaron tiembla a través de mis lágrimas),
el que hoy soy es que ellos hayan vendido la casa,
es haberse muerto todos,
es estar yo superviviente de mí mismo como una cerilla fría…

En aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños…
¡Qué mi amor, como una persona, ese tiempo!
Deseo físico del alma de encontrarse ahí otra vez,
por un viaje metafísico y carnal,
con una dualidad de yo para mí…
¡Comer el pasado como pan de hambre, sin tiempo de mantequilla en los dientes!

Veo todo otra vez nuevo con una nitidez que me ciega para lo que hay aquí…
la mesa puesta con más cubiertos, con mejores diseños la losa, con más vasos,
el aparador con muchas cosas —dulces, frutas, el resto de la sombra debajo de la fachada—,
las tías viejas, los primos diferentes, y todo era por mi causa,
en aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños…

¡Párate corazón mío!
¡No pienses! ¡Deja el pensar a la cabeza!
¡Oh Dios mío, Dios mío, Dios mío!
Hoy ya no cumplo años.
Duro.
Se me suman los días.
Seré viejo cuando deba serlo.
¡Rabia de no haber traído el pasado robado en el bolsillo!

¡En aquel tempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños!…


Álvaro de Campos


13 de junio de 1930

En "Pessoa Obra Poética" Tomo 2, Edición Bilingüe. Libros Rio Nuevo. Ediciones 29. España. 2007. Pp. 260-263. Versión propia y basada en la de Miguel Ángel Viqueira y Richard Zenith.