domingo, 22 de mayo de 2016

Señora Lázaro - Sylvia Plath



Lo he hecho otra vez.
Un año de cada diez
Lo intento——

Algo parecido a un milagro que camina, mi piel
Brillante como una lámpara Nazi,
Mi pie derecho

Un pisapapeles,
Mi rostro un lino sin atributos,
Fino y judío.

Retira el pañuelo
Oh mi enemigo.
¿Te doy miedo?——

¿La nariz, las cuencas de los ojos, todos mis dientes?
El aliento amargo
Se desvanecerá en un día.

Pronto, pronto la carne
Que la tumba comió estará
En casa conmigo

Y yo una mujer sonriente.
Sólo tengo treinta.
Y como un gato debo morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Que perdida te tiempo
Tener que suicidare cada diez años.

Qué millón de filamentos.
El gentío crujiente como un cacahuate
Se empuja para ver.

Después desenvuelve mis manos y pies——
El gran striptease.
Señores, señoras.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Podría ser piel y huesos,

Sin embargo, soy la misma, mujer idéntica.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez fue a propósito
Hacerlo hasta el final y nunca más volver.
Me encerré a cal y canto

Como una concha.
Tuvieron que gritar y gritar
Y quitarme los gusanos como perlas pegajosas.

Morir
Es un arte como todo lo demás.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago de tal manera que se siente terrible.
Lo hago de tal manera que se siente real.
Creo que puedo decir que tengo un don.

Es suficientemente fácil hacerlo en una celda.
Es suficientemente fácil hacerlo y quedarse quieta.
Es teatral

Regresar en un día inequívoco
Al mismo lugar, al mismo rostro, al mismo grito
Tonto y divertido:

“¡Un milagro!”
Que me noquea.
Hay un precio

Por la manera de ver de mis cicatrices, hay un precio
Por la forma de oír de mi corazón——
Realmente se va.

Y hay un precio, un precio muy grande
Por una palabra o una caricia
O un poco de sangre

O un pedazo de mi cabello o mis ropas.
Entonces, entonces, Señor Doktor.
Entonces, Señor Enemigo.

Soy tu obra,
Soy lo más valioso,
El bebé de oro puro

Que se derrite ante un chillido.
Me volteo y ardo.
No pienses que subestimo tu gran preocupación.

Cenizas, cenizas –
Se atizan y se revuelven.
Carne, hueso, no hay nada ahí——

Un pastel de jabón,
Un anillo de bodas,
Un diente de oro.

Señor Dios, Señor Lucifer
Ten cuidado
Ten cuidado.

De las cenizas
Me levanto con mi cabello rojo
Y devoro hombres como si fueran aire.


Versión Pavlo Aurel

Tomados de: The Collected Poems. Sylvia Plath. First Harper Perennial Classics. USA. 2008. pp. 244-247