Tu
culto necesitaba un dios.
Donde
le hacía falta uno, lo encontraba.
Personas
ordinarias se volvieron dioses –
Deificados
por tu capricho
Que
parecía haber sido diseñado en el nacimiento de un dios.
Era un
buscador de dioses. Un hallador de dioses.
Tu Papá
te había estado acercando a Dios
Cuando
su muerte presionó el gatillo.
En
ese resplandor
Contemplaste
toda tu vida. Rebotaste
La
longitud de tu carrera Alfa
Con la
furia
De una
bala a alta velocidad
Que no
puede emitir un libra
De
energía cinética. El elegido
Más o
menos murió en el impacto –
Fueron
demasiado mortales para tomarla. Tenían la cabeza llena de cosas
Provisionales,
especulativas, meras auras.
Eventos
más allá de la barrera del sonido en tu pista de vuelo.
Pero
dentro de tu Kleenex empapado de sollozos
Y tus
pánicos nocturnos de cada sábado,
Debajo
de tu cabello peinado de esta forma y de esta otra,
Detrás de lo que parecían
rebotes
Y la
cascada de gritos en picada,
Fuiste
inamovible.
Estabas
vestida con una chaqueta de oro, de plata sólida,
Con las
puntas de níquel. La trayectoria perfecta
Como a
través del éter. Incluso la cicatriz en la mejilla,
Donde
parecías haber untando concreto,
Sirvió
como un surco saqueado
Que te
conservaba verdadera.
Hasta
tu objetivo real
Escondido
detrás de mí. Tu Papá,
El dios
con la pistola humeante. Por mucho tiempo
Vago
como la niebla. Incluso no supe
Que
había sido golpeado,
O que
te habías ido limpia a través de mí –
Para
enterrarte después de todo en el corazón de dios.
En mi
lugar, el chamán correcto
Te
hubiera capturado al vuelo con sus manos desnudas,
Lanzándote,
enfriando, una mano con la otra,
Sin
Dios, feliz, quieta.
Arrebaté
Un mechón de tu cabello, tu
anillo, tu reloj, tu camisón.
Versión Paul Olvera
Tomado de:
Collected poems. Ted Hughes. 1st
edition. Edited by Paul Keegan. Farrar, Straus and Giroux. New York. USA. 2003. Birthday Letters. pp.
1052-1053