lunes, 12 de diciembre de 2016

LA BELLE DAME SANS MERCI - John Keats


I.
Ahora, ¿qué podría afligirte, criatura miserable,
Sola y pálidamente vagabunda?
El junco se ha marchitado cerca del lago
Y ningún ave canta.

II.
Ahora, ¿qué podría afligirte, criatura miserable,
Tan demacrada y diciendo congoja, aléjate?
El granero de la ardilla está lleno,
Y la cosecha ha terminado.

III.
Miro una azucena sobre tu frente,
Humedecida con angustia y rocío de fiebre;
Y sobre tu mejilla una rosa desvaneciéndose
Marchitándose rápidamente, también.

IV.
Me encontré con una mujer en la pradera
Completamente bella, una niña hada;
Su cabello era largo, su pie era ligero,
Y sus ojos eran salvajes.

V.
La coloque sobre mi corcel,
Y nada más vi durante todo el día;
En algunos caminos ella se inclinó, y cantó
Una canción de un cuento de hadas.

VI.
Hice una guirnalda para su cabello,
Y pulseras también, y una zona fragante;
Me miró a los ojos como si de verdad me amara,

Y dejó escapar un gemido dulce.

VII.
Ella me descubrió raíces de un dulce deleite,
Y una miel salvaje, y un rocío de maná;
Y muy seguramente en un lenguaje extraño dijo,
De verdad te amo.

VIII.
Me llevó a su gruta élfica,
Y ahí me contempló y suspiró profundamente
Y ahí cerré sus salvajes ojos tristes—
Y le di un beso a la hora de dormir.

IX.
Y ahí dormimos sobre el musgo,
Y ahí soñé, ay, que una calamidad sucedía,
El último sueño que he tenido
Sobre la parte fría del monte.

X.
Miré reyes pálidos, y príncipes también,
Guerreros pálidos, con una palidez de muerte todos ellos;
Quienes gritaron –“¡La belle Dame sans merci
Te tiene como esclavo!”

XI.
Miré sus labios hambrientos sobre el crepúsculo
Con una advertencia terrible boquiabiertos,
Y me desperté, y me hallé aquí
Sobre la parte fría del monte.

XII.
Y este es el porqué de quedarme aquí
Solo y pálidamente vagabundo;
Aunque el junco se ha marchitado cerca del lago,
Y ningún ave canta.

 Versión Paul Olvera

Tomado de:
The Poetical Works of John Keats. John Keats. Edited by H, Buxton Forman. Oxford University Press. Great Britain. 1953. pp. 354-356

domingo, 27 de noviembre de 2016

Supiria de profundis (Extracto) - Thomas de Quincey


Ahora, compañero imparcial en este viaje explorador de pesquisas dentro de escenas escondidas, o escenas llenas del olvido de la vida humana, quizá sería instructivo dirigir nuestra mirada sobre el falso y pérfido amante. Podríamos. Pero no hagamos eso. Nos podría parecer un poco mejor, o podríamos compadecernos de él más de lo que cualquiera de nosotros desearía.  Su nombre y recuerdo desde hace tiempo han sido arrojados de los pensamientos de todos. De prosperidad, y (aún más importante) de paz interna, se dice que él no ha tenido ni un resplandor desde el momento en que traicionó su fe, y en un solo día arrojó de sí la joya de la buena consciencia, y “una perla más cara que toda su tribu.” Pero, sin importar lo que pueda ser, es seguro que, finalmente, se convirtió en ruinas; y de cualquier ruina sin esperanza es muy doloroso hablar, —mucho menos cuando, a través de él, otros también se convirtieron en ruinas.
¿Deberíamos, entonces, después de un intervalo de cerca de dos años que ha pasado sobre la joven mujer de la alcoba, dirigir nuestra mirada de nuevo sobre ella? Dudas, imparcial amigo; y yo mismo dudo. Porque de hecho ella también se ha convertido en ruinas; y nos apenaría a ambos contemplar cuanto ha cambiado. Al final de veintiún meses, ella difícilmente conserva un vestigio de similitud con la fina mujer joven que vimos en una tarde triste, con su tía y prima. En consideración, por lo tanto, hagamos esto. — Dirigiremos nuestra mirada a su habitación justo en el instante en que seis semanas habían pasado. Supongamos que este tiempo se ha ido; supongamos que ahora está vestida para la tumba, y coloquémosla en su ataúd. La ventaja de esto es, que a pesar de que ningún cambio pueda restaurar los estragos del pasado, todavía (como seguido se descubre que pasa con las personas jóvenes) su semblante ha resucitado sus años infantiles. La apariencia infantil ha vuelto, y colocado de nuevo en su sitio sus rasgos. El desgaste de su piel es menos aparente en su rostro; y uno podría imaginar que este semblante dulce de mármol fue el mismo sobre el cual, once años atrás, los ojos oscuros de su madre se habían detenido por largo tiempo, hasta que las nubes habían desvanecido la figura de sus amados gemelos. Todavía, si fuera en parte fantasía, esto, al final, no es fantasía, — que no sólo mucho de una verdad con apariencia infantil y simplicidad se ha reincorporado en el templo de sus rasgos que ahora reposan, sino también la tranquilidad y la paz perfecta, las cuales son apropiadas para la eternidad, pero de las cuales el semblante con vida había partido para siempre, en aquella tarde memorable cuando contemplamos al grupo apasionado, —la sobresaliente y censuradora tía, la compasiva pero silenciosa prima, la pobre, desgraciada sobrina, y la carta infame que yacía hecha pedazos a sus pies.
Nube, que nos has mostrado a esta joven criatura y sus esperanzas marchitas, cierra tus fauces otra vez. Y ahora, unos años más tarde, —no más que cuatro o cinco—, danos los pendientes más actuales de los cambios que encubriste entre tus paños. Una vez más, “¡ábrete sésamo!” y muéstranos una tercera generación. Contempla un pasto inundado con matorrales. ¡Tan perfecta es el verdor, ricos son los arbustos que florecen y se esconden entre los verdosos muros de la posibilidad de intromisión, mientras por su vagabunda línea de distribución van tomando forma, y resentidamente traen a la costa, lo que uno podría llamar tabernas y vestíbulos pastosos, galerías silvinas y armarios! Algunos de estos recovecos, los cuales se desunen tan fluidamente como las serpientes, y de repente como los más tímidos rincones, celdas acuosas, y criptas, entre las costas de un lago en el bosque, siendo formadas por los meros caprichos y yerros de los exuberantes arbustos, son tan pequeños y tan callados que uno se imaginaría que fueron hechos para las alcobas. ¡Aquí se encuentra uno que en un clima menos voluble haría para un escritor el más hermoso de los estudios sobre los alientos de algún corazón solitario, o de suspiros de algún recuerdo apasionado! Y, abriendo un ángulo de este estudio enramado, muestra un pequeño corredor estrecho, que, después de dar una vuelta sobre sí mismo, en sus laberintos juguetones, finalmente se expande en una pequeña habitación circular; de la cual no hay ninguna salida (excepto si contamos la entrada), pequeña y grande; tanto que, adyacente a su estudio, el escritor daría ordenes de que tan dulce una recamara, permitiéndole recostarse durante el verano, contemplando durante toda la noche al quemante anfitrión de los cielos. ¡Tan silenciosa sería justo en los medios días nocturnos del verano — tan parecida a la quietud de las tumbas! Y todavía, ¿hay necesidad de pedir quietud o un silencio que sea más profundo que el que es sentido en este mediodía? Una razón para un reposo tan peculiar, sobre y encima del carácter tranquilo del día, y la distancia del lugar que está en los caminos principales, es la zona principal del bosque, en la cual casi en cada lado han reposado los arbustos, envolviéndolos (como uno podría expresarlo), circundándolos y subestimándolos, desde una distancia tan variada de dos a tres estadios, como a menudo se guardan los vientos a la distancia. Pero, sin importan su causa o soporte, el silencio de estos prados fantasiosos y habitaciones pastosas es a menudo opresivo en las profundidades del verano para las personas que no están familiarizadas con la soledad, ya sean montañesas o silvinas; y muchos estarían aptos para suponer que la villa, de la cual estos arbustos hermosos forman las dependencias principales, debe estar abandonada. Pero ese no es el caso. La casa está habitada, y por su señora legitima, la propietaria de todo este terreno; y no del todo una señora callada, pero tan ruidosa como la mayoría de las señoritas de cinco años, pues esta es su edad. Ahora, y mientras estamos hablando, podrías escuchar su clamor pequeño y alegre mientras sale de la casa. Por este camino viene, saltando como un fauno; y pronto corre hacia el pequeño recoveco que he señalado como un estudio propio para un hombre que debería estar hilando las armonías profundas del memorial de los suspiros. Pero me imagino que ella pronto lo despojara de ese carácter, pues sus suspiros no son tantos en esta etapa de su vida. Ahora entra en escena saltando, y observas que, si ella guarda su promesa de ser siempre una niña, será una criatura interesante para quien la contemple en la otra vida. Por otro lado, ella es una niña encantadora, —amorosa, natural, y salvaje como cualquiera de sus vecinos en millas a la redonda, concretamente, lebratos, ardillas, y tórtolas. Pero lo que te sorprenderá en demasía es que, aunque sea una niña de sangre inglesa, habla muy poco inglés; pero más bengalí del que tú tal vez puedas llegar a expresar. Ahí está su doncella, quien viene detrás, a un paso muy diferente del de su señora joven. Pero, si sus pasos son diferentes, en otras cosas están de acuerdo más cordialmente; y muchísimo se aman la una a la otra. En realidad, la niña ha pasado toda su vida en brazos de su doncella. No recuerda nada que sea más vieja que ella; la más antigua de las cosas a sus ojos es su doncella; y si la doncella insistiera en que la venerara como la deidad Ferroviaria o Buqueniana, que construyó Inglaterra, y el mar, y Bengala, es seguro que la pequeña lo haría, haciendo ninguna pregunta más que esta, —si es que los besos cuentan como alabanzas.
Cada noche, a las nueve en punto, mientras la doncella se sienta junto a la criatura que yace despierta sobre la cama, la lengua plateada de un reloj hace sonar la hora. Lector, tú sabes quién es ella. Es la bisnieta de aquella que se desvaneció al atardecer mientras contemplaba a sus gemelos huérfanos. Su nombre es Grace. Y ella es la sobrina de aquella anciana y alguna vez feliz Grace, quien gastó mucho de su felicidad en esta habitación, pero a quien, en su completa desolación, la vimos en la recamara, con la carta hecha pedazos a sus pies. Ella es la hija de esa otra hermana, casada con un oficial que murió lejos. La pequeña Grace nunca conoció a su bisabuela, tampoco a su agradable tía, que fue su tocaya, ni contempló con consciencia a su mamá. Ella nació seis meses después de la muerte de la anciana Grace; y su madre sólo la contempló a través de la niebla del sufrimiento mortal, el cual se la llevó tres semanas después de que diera a luz a su hija.
Este paisaje fue contemplado hace muchos años; y desde entonces la joven Grace, a su vez, se encuentra debajo de una nube de pesares. Pero aún ella no cumple dieciocho; y todavía puede haber en ella esperanzas. Observando estas cosas en un periodo tan corto de tiempo, pues la abuela murió a los treinta y dos, diremos, —a la Muerte la podemos enfrentar; pero sabiendo, como muchos sabemos, que es la vida humana, ¿quién de nosotros sin escalofríos podría (si conscientemente fuéramos convocados a ello) enfrentarse a la hora de su nacimiento?



Versión Paul Olvera


Tomado de: De Quincey, Thomas. Confessions of an English Opium-Eater. Literary Reminiscences. D. Appleton and Company. New York. 1900. pp.180-184

domingo, 30 de octubre de 2016

Tristia - Osip Mandelstam


He estudiado la ciencia de los adioses,
la cabeza descubierta de los lamentos de la noche.
Las prolongadas esperas mientras los bueyes mastican.
En el pueblo la última hora del reloj.
Y me he inclinado ante el final de la noche proclamado en la garganta del gallo
cuando los ojos rojos de tanto llorar levantaron su carga
de amargura y miraron a la distancia
y el llanto de las mujeres y de las Musas se hizo uno.

¿Quién puede distinguir en el sonido de la palabra “despedida”
qué clase de aflicciones nos esperan,
qué es lo que promete el gallo con ruidosa sorpresa
cuando la luz nos muestra en la Acrópolis,
la madrugada de una nueva vida,
el buey todavía columpiando sus mandíbulas en el pasaje externo,
o por qué el gallo, anunciando la nueva vida,
bate sus alas sobre las murallas?

Una cosa que amo es la acción de girar:
el palpitante ir y venir, el zumbido de un engranaje,
y mira, como un cisne desciende hacia nosotros,
Delial, la pastora descalza, volando—
¡Oh indigencia en la raíz de nuestras vidas,
qué tan pobre es el lenguaje de la felicidad!
Todo ya ha sucedido antes y volverá a suceder de nuevo,
pero todavía el instante de cada encuentro es dulce.

Amén. La figura pequeña y transparente
yace sobre el plato límpido de la tierra
como la piel estirada de una ardilla.
Una chica se inclina a estudiar la cera.
¿Quiénes somos para adivinar lo que hay en el infierno de los Griegos?
Cera para las mujeres, bronce para los hombres:
tenemos que responsabilizarnos de las cosas en el campo, luchando,
pero para ellos la muerte viene como si predijeran fortunas.
1918


l. 20: Delia es un nombre tradicional para la pastora enamorada de la poesía bucólica. El nombre aparece unas cuantas veces en algunos poemas jóvenes de Pushkin.

Versión Pavlo Aurel

Tomado de:
The Selected Poems of Osip Mandelstam. Translated by Clarence Brown and W. S. Merwin. New York Review Books classics. USA. August 2004. pp. 23-24.

lunes, 19 de septiembre de 2016

A UNA HERMOSA CUAQUERA*



¡Dulce niña! Aunque sólo nos hemos visto una vez,
Ese encuentro jamás he de olvidar;
Y aunque nunca nos volvamos a ver,
En el recuerdo tu figura quedará.
No diré, “Te amo,” pero aún
Mis sentidos se rebelan contra mi voluntad:
En vano, trato de arrancarte de mi pecho,
Mis pensamientos a cada instante se rebelan;
En vano miro los suspiros que crecen,
El último en la fila responde:
Quizá esto no es amor, pero aún
Nuestro encuentro no puedo olvidar.

Aunque nunca rompimos el silencio,
Nuestros ojos un lenguaje dulce hablaron;
La lengua con acuerdos de falsedades lisonjeras,
Relata una historia que nunca se percibe:
Engaña a los labios culpables que hablan,
Y acalla los mandatos del corazón;
Pero los interpretes del alma, los ojos,
Desdeñan este freno, y altivo disfraz.
Fue así como nuestras miradas conversaron,
Y nuestro pecho se sintió apresado,
Ningún espíritu, interior, nos censuró,
En cambio dicen, “fue el espíritu quien nos condujo.”
Aunque lo que ellos susurraron reprimo,
Todavía concibo que tú en parte lo sabes;
Porque en ti mi pensamiento reposa,
Posiblemente hacia mí el tuyo también camina.
Esto es algo mío, por lo menos, lo diré,
Tu forma aparece en la noche, en el día;
Despierto, con ella mi fantasía rebosa;
Mientras duermo, sonríe en fugaces sueños;
Esta visión hechiza las horas que pasan,
Y me obliga a maldecir los rayos de la aurora
Por romper los sueños de placer
Que me hacen desear una noche infinita.
Porque, ¡oh! lo que sea que mi futuro augura,
Alegrías o desgracias cruzarán mis caminos,
En tentación por el amor, las tormentas acosan
Tu imagen que nunca he de olvidar.

¡Ay de mí! Ninguna otra vez nos encontraremos,
Nunca más nuestras presencias juntas se repetirán;
Entonces déjame suspirar esta oración de despedida,
El dictado de lo que habita en mi pecho:
‘¡Ojalá el cielo guarde a mi amada cuáquera,
Que la angustia nunca la dañe;
Que la paz y la virtud nunca la abandonen,
Que la felicidad nunca parta de su corazón!
¡Oh, ojalá los mortales felices, condenados
A ser, por lazos tan queridos, uno solo,
Ojalá cada una de sus horas descubriendo alegrías la pase,
Y pierda al marido en el amante!
¡Ojalá esto sirva para sentir la tragedia sin descanso
Que emponzoña el alma, con vano arrepentimiento,
De quien nunca la podrá olvidar!’

Versión Pavlo Aurel 

* Un miembro de una iglesia cristiana llamada la Sociedad de los Amigos, la cual cree que cada persona puede tener la experiencia directa de Dios. No tienen ceremonias formales ni ministros. Sus sesiones incluyen frecuentemente periodos de silencio.

Tomado de:
BYRON Poetical Works. George Gordon, Lord Byron. Edited by Frederick Page, A New Edition, Corrected by John Jump. Oxford University Press. Great Britain. 1975. pp. 25-26

jueves, 11 de agosto de 2016

CINO - Ezra Pound


Campania Italiana 1039, camino abierto


¡Bah! Le he cantado a las mujeres en tres ciudades,
Pero todo es lo mismo;
Ahora le cantaré al sol.

Labios, palabras, y todo lo haces caer en la trampa,
Sueños, palabras, y son como joyas,
Encantamientos extraños de la vieja deidad.
Cuervos, noches, atractivos:
Y ahora no están;
Ahora se han convertido en el alma de la canción.

Ojos, sueños, labios, y la noche se va.
Andando en el camino una vez más,
Ellos no están.
Olvidadizos en las torres de nuestra sintonía
Una vez más dirigiéndose al viento en runas.
Nos sueñan hacía al frente y
Suspirando, dicen, “¡Podría Cino
Cino el apasionado, el de los ojos arrugados,
Alegre Cino, de sonrisa aguda,
Cino, el atrevido, el burlón,
Cino el delicado, el más fuerte de su tribu
Que vagabundea viejos días debajo de la luz del sol,
Podría Cino del Laúd si estuviera aquí!”

Una vez, dos veces, al año–
Vagamente de esto hablan:
“¿Cino?” “Oh, sí, Cino Polnesi
¿Es del cantante de quien hablas?”
Ah, sí, pasó por aquí una vez,
Un pícaro, pero …
(Oh todos estos vagabundos son los mismos),
¡Pega! ¿Son las canciones suyas?
¿O de otros las que él canta?
Pero , Mi Señor, ¿cómo está tu ciudad?”


Pero tú “Mi Señor,” ¡Piedad de Dios!
Y todos aquellos que conocí estaban afuera, Mi Señor, tú
eras Cino sin tierra, incluso como lo soy,
Oh Sinistro.

Le he cantado a las mujeres en tres ciudades.
Pero todo es uno.
Le cantaré al sol.
… ¿eh? … la mayoría de ellas tenían ojos grises,
Pero todo es uno. Le cantaré al sol.

“’¡Apolo Febo, viejo sartén de hojalata, tú
Glorificas el día de la égida de Zeus,
Escudo de acero azul, el cielo está sobre nosotros
Ofrece al jefe tu lustrosa felicidad!

¡Apolo Febo, para apaciguar nuestro camino
Haz de tu risa nuestro canto del vagabundo;
Trata que tu resplandor soporte el cuidado.
Nubes y lágrimas de lluvia pasan y flotan!

Buscando siempre el camino recién tendido
Hacia los jardines del sol …
.     .     .     .     .     .
Le he cantado a las mujeres en tres ciudades
Pero todo es uno.

Le cantaré al blanco de las aves
En las aguas azules del cielo,
Las nubes que son la espuma de su mar.”

Versión Pavlo Aurel


Tomados de: Collected Shorter Poems. Ezra Pound. Faber and Faber Limited. UK. 1971. pp.3-4

domingo, 31 de julio de 2016

Eltisley No. 55 - Ted Hudhes


Nuestra primera casa nos ha olvidado.
Contemplé cuando conducía frente de ella
Qué ligeras nuestras vidas habían sido
Como para no dejar ningún rastro. Cuando nos mudamos por primera vez
Busqué augurios.
Desalojada por una viuda quien se reunió a su familia
Todo lo que me dijo fue: “Su vida se ha acabado.”
Ella dejó la sangre última de su marido
Manchando una almohada. Toda su historia
Colgaba – una emanación – alrededor de una mancha.
Olor agrío de senilidad. Se había condensado
Como la grasa sobre los cubiertos. Confirmaba
La idea que tenías de Inglaterra: parte
Residencia de ancianos, parte morgue
Para algo que en parte está muriendo, y en parte está muerto.
Así igual las repisas cubiertas de grasa, pegajosas, paredes oscuras
De la conejera de una cocina te daban asco
Y hacían crecer tu furia. Revisé la sangre.
¿Era sangre de la boca, o del oído,
O había sido de una herida en la cabeza, después de una caída?
Tomé posesión antes
De que lo nuestro hubiera reacondicionado
Esa cripta de viejas amarguras y su gas rancio
De esposo muerto. Reivindiqué nuestra primera casa
Solo y dormí solo en ella,
Sólo tratando de no inhalar el fantasma
Que colgaba en la respiración de la cama.
La muerte de su esposo y su aflicción
Fueron los únicos huéspedes en la calidez de nuestra casa.
Malgastamos diez libras en un suntuoso Chesterfield
De seda prusiana y azul. Nuestro kit
De emergencia en los artilugios de la cocina se adaptó
A la renta, abandonada, suciedad muy usada
Para ser astillero y ritual de botadura
De nuestra expedición. Un espejismo
Del mundo cómo es y cómo tiene que ser
Parecía no peor que cualquier otro. Ya
Nos encontrábamos más allá del Albatros.
Tú fuiste todo un mar antártico
En medio de mí y tus amigas. Fuiste una bolsa de hielo
En medio de mí y cualquier posible mención
De mis pudieron-haber-sido. Había aceptado
El fenómeno meteorológico
Que mantenía sin mover tu brújula.
Igual que las apariciones polares que sólo Wendy
Y Dorothea, por ser diosas madres
Visionarias y justas, les fueron perdonados sus rostros.
Me opuse a tu delirio de sospecha.
A través del arcoíris de oscuridad perseveré,
Siguiendo la clave de Patanjali.
Con las manos juntas perseveramos. Para mí, esa casa
Fue nuestro primer campo, nuestro primer invierno,
Donde era feliz con contemplar una vela.
Para ti, era un iglú de confort.
Tu Campana de Cristal despedía calor en el centro
Con un calentador de parafina estupefacto.
Pero también fuiste feliz, calentando tus manos
En la bola de cristal
De tu pisapapeles heredado. Dentro de él
Estaba, en miniatura, tu Navidad en Nueva Inglaterra,
Una Mamá y un Papá, todavía juntos
Debajo de remolinos de nieve, y nuestro futuro.


Versión Pavlo Aurel


Tomado de: "Birthday Letters", en Collected poems. Ted Hughes. 1st edition. Edited by Paul Keegan. Farrar, Straus and Giroux. New York. USA. 2003. pp. 1073-1075


miércoles, 20 de julio de 2016

A una viandante - Charles Baudelaire


La calle ensordecedora en torno a mí aullaba.
Alta, esbelta, de luto, dolor majestuoso,
una mujer pasó, con su mano fastuosa
levantando y meciendo, festón y dobladillo;

ágil y noble, con su pierna de estatua.
Yo, bebía, crispado como un extravagante,
de sus ojos, cielo lívido donde el huracán germina,
la dulzura que seduce y el placer que mata.

¡Un relámpago… y después la noche! – Belleza fugitiva
cuya mirada me hizo renacer de repente,
¿ya no te veré más sino en la eternidad?

¡Por cierto, muy lejos! ¡Demasiado tarde!
Pues ignoro a dónde huyes, y tú no sabes a dónde voy,

¡oh tú, a quien habría amado, oh tú, que lo sabías!

Versión Pavlo Aurel

Tomado de:
Les fleurs du mal.


miércoles, 22 de junio de 2016

DURACIÓN DE UN DÍA… - Paul Valéry



Duración de un día sin vos, sin ti, sin Tú, sin Nosotros
                        sin que mi mano sobre tus rodillas
                        yendo y viniendo te hable a su manera,
                        sin que la otra en la melena
de la que adoro estrechar la fuerza de sus crines,
frote amorosamente la cabeza que temo…
Duración de un día sin que nuestras frentes a las que todo cerca,
incluso la idea amarga y la sombra del reproche,
sin que nuestras frentes hayan intercambiado sus ojos,
los míos bebiendo los tuyos, tus bellos misteriosos,
y en los míos los tuyos viendo luz y lágrimas…
Oh qué día tan largo… Me siento mal. Mi espíritu no tiene más armas
y si no estás aquí, junto a mí, la muerte
se me hace familiar y me muerde sordamente.
Estoy entre ella y tú; lo siento a cada instante.
Depende de tu corazón que viva o muera,
ahora lo sabes, si alguna vez dudaste
de que pudiera morir por la que amaba,
porque hiciste de mi alma una hoja que tiembla
como la del sauce, ay, que ayer juntos
mirábamos flotar ante nuestros ojos de amor,
en la ternura de oro del caer de la tarde…

22 de mayo de 1945.



 Versión Pavlo Aurel


Tomado de:
Poemas de Paul Valéry. Corona & Coronilla. Paul Valéry. Ediciones Hiperión. Madrid. 2008. p.362

domingo, 22 de mayo de 2016

Señora Lázaro - Sylvia Plath



Lo he hecho otra vez.
Un año de cada diez
Lo intento——

Algo parecido a un milagro que camina, mi piel
Brillante como una lámpara Nazi,
Mi pie derecho

Un pisapapeles,
Mi rostro un lino sin atributos,
Fino y judío.

Retira el pañuelo
Oh mi enemigo.
¿Te doy miedo?——

¿La nariz, las cuencas de los ojos, todos mis dientes?
El aliento amargo
Se desvanecerá en un día.

Pronto, pronto la carne
Que la tumba comió estará
En casa conmigo

Y yo una mujer sonriente.
Sólo tengo treinta.
Y como un gato debo morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Que perdida te tiempo
Tener que suicidare cada diez años.

Qué millón de filamentos.
El gentío crujiente como un cacahuate
Se empuja para ver.

Después desenvuelve mis manos y pies——
El gran striptease.
Señores, señoras.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Podría ser piel y huesos,

Sin embargo, soy la misma, mujer idéntica.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez fue a propósito
Hacerlo hasta el final y nunca más volver.
Me encerré a cal y canto

Como una concha.
Tuvieron que gritar y gritar
Y quitarme los gusanos como perlas pegajosas.

Morir
Es un arte como todo lo demás.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago de tal manera que se siente terrible.
Lo hago de tal manera que se siente real.
Creo que puedo decir que tengo un don.

Es suficientemente fácil hacerlo en una celda.
Es suficientemente fácil hacerlo y quedarse quieta.
Es teatral

Regresar en un día inequívoco
Al mismo lugar, al mismo rostro, al mismo grito
Tonto y divertido:

“¡Un milagro!”
Que me noquea.
Hay un precio

Por la manera de ver de mis cicatrices, hay un precio
Por la forma de oír de mi corazón——
Realmente se va.

Y hay un precio, un precio muy grande
Por una palabra o una caricia
O un poco de sangre

O un pedazo de mi cabello o mis ropas.
Entonces, entonces, Señor Doktor.
Entonces, Señor Enemigo.

Soy tu obra,
Soy lo más valioso,
El bebé de oro puro

Que se derrite ante un chillido.
Me volteo y ardo.
No pienses que subestimo tu gran preocupación.

Cenizas, cenizas –
Se atizan y se revuelven.
Carne, hueso, no hay nada ahí——

Un pastel de jabón,
Un anillo de bodas,
Un diente de oro.

Señor Dios, Señor Lucifer
Ten cuidado
Ten cuidado.

De las cenizas
Me levanto con mi cabello rojo
Y devoro hombres como si fueran aire.


Versión Pavlo Aurel

Tomados de: The Collected Poems. Sylvia Plath. First Harper Perennial Classics. USA. 2008. pp. 244-247 

miércoles, 20 de abril de 2016

Canto XLV - Ezra Pound


Con Usura

Con usura ningún hombre ha tenido una casa de buena piedra
cada tabique cortado suave y bien proporcionado
ese diseño debería cubrir su rostro,
con usura
ningún hombre ha pintado un paraíso en el muro de su iglesia
harpes et luz
o donde la virgen recibió el mensaje
y el halo se proyecta desde la incisión,
con usura
ningún hombre ha visto a Gonzaga sus herederos y sus concubinas
ninguna imagen está hecha para que perdure o se viva con ella
pero está hecha para venderse y venderse rápido
con usura, pecado contra natura,
es tu pan no más que andrajos rancios
es tu pan seco como el papel.
si se carece de una montaña de trigo, no habrá harina para el pan
con usura la línea se hace más grande
con usura no hay demarcación clara
y ningún hombre puede encontrar un sitio para su morada.
El zapapico está a salvo de su piedra
el tejedor está a salvo de su hilador
CON USURA
la lana no llega al mercado
las ovejas no produjeron ganancia con usura
La usura es  una morriña, la usura
acható la aguja en la mano de la doncella
y detuvo la astucia del hilador. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
tampoco Pier della Francesca; Zuan Bellin’ no por usura
tampoco fue ‘La Calunnia’ pintada.
No vino por usura Angelico; no vino Ambrogio Praedis
No vino una iglesia con una señal sobre una piedra: Adamo me fecit.
No por usura St Trophime
No por usura Saint Hilaire,
La usura oxidó el cincel
Oxidó la artesanía del artesano
Royó el hilo en el hilador
Nadie aprendió a tejer oro en sus diseños;
El azur tuvo un cáncer por usura; la tez roja es decorada
La esmeralda no encuentra ningún Memling
La usura asesinó al niño en el vientre
Detuvo el cortejo del hombre joven
Trajo la parálisis a la cama, la recostó
entre la joven esposa y su amado
                                               CONTRA NATURAM
Han traído putas para Eleusis
Cadáveres se colocan en el banquete
a petición de la usura.

N. B. USURA: Un cargo por el uso del poder adquisitivo, impuesto sin considerar la producción; usualmente sin considerar las posibilidades de producción.

Versión Pavlo Aurel

Tomado de: Cantos 1916-1962 Eine Auswahl Englisch – deutsch. Ezra Pound. Deutscher Taschenbuch Verlag. Germany. Juni 1964. pp. 78, 80.

martes, 29 de marzo de 2016

La Canción de Amor de J. Alfred Prufrock - T. S. Eliot


S’io credessi che mia riposta fosse
a persona che mai tornasse al mondo,
questa fiamma staria senza più scosse.
Ma per ciò che giamai di questo fondo
non tornò vivo alcun, s’i’odo il vero,
senza tema d’infamia ti rispondo.

Entonces vayamos, tú y yo,
Cuando la noche se haya acostado sobre el cielo
Como un paciente anestesiado sobre una mesa;
Vayamos, a través de verdaderas calles medio desiertas,
La retirada murmurante
De noches sin descanso en hoteles baratos de una sola noche
Y restaurantes de aserrín con conchas de ostras:
Calles que siguen un argumento tedioso
De intento insidioso
Que te dirigen a una pregunta aplastante …
Oh, no preguntes, “¿Qué es eso?”
Vayamos y hagamos nuestra visita.

En el cuarto las mujeres vienen y van
Hablan sobre Miguel Ángel.

La niebla amarilla que frota su espalada sobre las ventanas,
El humo amarillo que frota su hocico sobre las ventanas,
Lamiendo con su lengua entre las esquinas de la noche,
Perdurando sobre las piscinas que están en el desagüe,
Deja que caiga sobre su espalda el hollín que cae de las chimeneas,
Deslizándose por la terraza, dando un salto sorpresivo,
Y viendo que era una suave noche de octubre,
Enroscado cerca de la casa, y a punto de dormir.

Y de hecho habrá tiempo
Para el humo amarillo que se desliza por la calle
Frotando su espalda sobre las ventanas;

Habrá tiempo, habrá tiempo
Para preparar un rostro que vea otros rostros que tú encontrarás;
Habrá tiempo para asesinar y crear,
Y tiempo para todos los trabajos y los días de manos
Que levantan y arrojan una pregunta sobre tu plato;
Tiempo para ti y tiempo para mí,
Y tiempo aún para cien incertidumbres,
Y para cien visiones y repasos
Antes de tomar tostadas y té.

En el cuarto las mujeres vienen y van
Hablan sobre Miguel Ángel.

Y de hecho habrá tiempo
Para preguntarse, “¿Me atreveré?” y “¿Me atreveré?”
Tiempo para regresar y descender por la escalera,
Con un lugar desgastado en medio del cabello –
(Dirán: “¡Mira como su cabello está desapareciendo!”)
Mi abrigo matutino, mi collar ajustado firmemente hasta mi barbilla,
Mi moño rico y modesto, pero amarrado con un simple alfiler –
(Dirán: “¡Pero qué tan delgados son sus brazos y piernas!”)
¿Me atreveré
A perturbar al universo?
En un minuto hay tiempo
Para incertidumbres y repasos que un minuto puede dar marcha atrás.

Porque ya los he conocido a todos, conocido a todos –
He conocido las noches, las mañanas, las tardes,
He medido mi vida con la cuchara del café;
Conozco las voces que mueren con una caída agonizante
Debajo de la música de un cuarto alejado.
   Así que ¿cómo debería suponerlo?

Y ya he conocido todos los ojos, conocido a todos –
Los ojos que te miran fijamente con una frase ya hecha,
Y cuando ya estoy hecho, extendido sobre un alfiler,
Cuando estoy clavado y retorciéndome sobre el muro,
Entonces, ¿cómo debería empezar
A escupir todos los finales de mis días y mis maneras?
   ¿Y cómo debería suponerlo?

Y ya he conocido todos los brazos, conocido a todos –
Brazos con pulseras, blancos y desnudos
(¡Pero a la luz de las lámparas, poblados de vello café claro!)
¿Es el perfume de un vestido
El que me hace tan indeciso?
Brazos que yacen sobre una mesa, envueltos con un chal,
   ¿Y entonces debería suponerlo?
   ¿Y cómo debería empezar?

·   ·   ·   ·   ·

¿Debería decir, he caminado en la madrugada por calles estrechas
Y visto el humo que sale de las cañerías
De hombres solitarios en camisa, inclinándose fuera de las ventanas?

Debí de haber sido un par de garras andrajosas
Hundidas entre los pisos de mares silenciosos

·   ·   ·   ·   ·

¡Y la tarde, la noche, duerme tan plácidamente!
Alisada por dedos largos,
Dormida … cansada … o quejumbrosa,
Extendida sobre el suelo, aquí al lado tuyo y mío.
¿Debería, después del té y los pasteles y el helado,
Tener la fuerza para obligar al momento a ir a su crisis?
Pero aunque he llorado y ayunado, llorado y rezado,
Aunque he visto mi cabeza (un poco calva) traída sobre una charola
No soy un profeta – y no discuto un tema importante;
He visto el momento de mi gran parpadeo,
Y he visto al Mayordomo eterno tomar mi abrigo, y mi risa,
Y debido a eso, tuve miedo.

¿Y si hubiera valido la pena, después de todo,
Después de las tazas, la mermelada, el té,
En medio de la porcelana, en medio de una plática sobre ti y sobre mí,
Si hubiera valido la pena,
Haber hablado sobre el tema con una sonrisa,
Haber exprimido el universo dentro de una pelota
Para hacerla rodar hacia una pregunta aplastante,
Decir: “Soy Lázaro, he venido desde los muertos,
He venido a contarles todo, debo contarles todo” –
Si alguien, colocando una almohada cerca de su cabeza,
   Hubiera dicho: “Eso no es lo que quise decir del todo.
   Eso no lo es, del todo.”

¿Y si hubiera valido la pena, después de todo,
Si hubiera valido la pena,
Después de las puestas de sol y la puerta del jardín y las calles con rocío
Después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que dejaron su rastro por el piso –
Y esto, y aún mucho más? –
¡Es imposible decir lo que quiero expresar!
Pero como si una linterna mágica arrojara los nervios todos alineados sobre la pantalla:
Si hubiera valido la pena
Si alguien, colocando una almohada o quitándose un chal,
Y volviéndose hacia la ventana, hubiera dicho:
   “Eso no lo es del todo,
   Eso no es lo que quise decir del todo.”

·   ·   ·   ·   ·

¡No! No soy el Príncipe Hamlet, tampoco se supone que lo sea;
Soy un ayudante, alguien que hará
Para lograr un avance, una escena o dos,
Avisar al príncipe; sin duda, una herramienta fácil,
Diferencial, contento de servir para algo,
Político, precavido, y meticuloso,
Lleno de frases elevadas, pero un poco obtuso;
Algunas veces, de hecho, casi ridículo –
Casi, a veces, el Tonto.

Envejezco … envejezco …
Debo de usar mis pantalones con un dobladillo.

¿Debo peinarme con una línea detrás? ¿Me atreveré a comer un durazno?
Debo utilizar pantalones blancos de franela, y caminar sobre la playa.
He escuchado a las sirenas cantar, una a una.

No creo que canten para mí.

Las he visto cabalgar las algas sobre las olas
Peinando el cabello blanco de las olas que vuelven
Cuando el viento sopla el agua blanca y negra.

Nos instalamos en los aposentos del mar
Cerca de chicas marinas coronadas con algas rojas y cafés
Hasta que las voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.

Versión de Pavlo Aurel


Tomado de: Let Us Go Then, You and I Selected Poems. T. S. Eliot. Faber and Faber. UK. 2009. pp. 3-7

domingo, 6 de marzo de 2016

Fe - Czeslaw Milosz


La fe se encuentra en ti donde quiera que mires
en una gota de rocío o en una hoja que lleva el viento
y date cuenta de que así son las cosas porque así deben ser.
Incluso si cierras tus ojos y empiezas a imaginar tus anhelos
el mundo continuará siendo lo que siempre ha sido
y la hoja será cargada por las aguas del arroyo.

Tú también tienes fe cuando hieres tu pie
contra una roca afilada y sabes
que las rocas están ahí para herir nuestros pies.
¿Contemplas la larga sombra que proyecta el árbol?
Nosotros y las flores arrojamos sombras sobre la tierra.
Lo que no tiene una sombra no tiene fuerza para vivir.


Varsovia, 1943


Versión Pavlo Aurel


Traducido de: If There is No God: Selected Poetry and Prose of Czeslaw Milosz. Burning Man Books. USA. 2007. E-book.