jueves, 12 de febrero de 2015

Amigos - Marin Sorescu

Eh, vamos a suicidarnos, le digo a mis amigos,
hoy nos hemos entendido tan bien,
estuvimos tan tristes,
esta perfección en común
no la lograremos otra vez
y es una pena perder este momento.

Creo que en la bañera es el modo más trágico,
imitemos a los brillantes romanos
que se cortaban las venas
mientras discutían sobre la esencia del amor.
Fíjate, he calentado el agua,
empecemos, queridos amigos, yo cuento:
uno, dos, tres...

En el infierno quedé un tanto sorprendido
    descubriendo que estoy solo.
Unos, tal vez, mueren con más dificultad, me dije, tienen
    más amarras con la vida.
No puede que me hayan engañado: la palabra dada
    algo significa,
pero el tiempo pasa...

Me fue bastante duro en el infierno, les aseguro,
sobre todo al comienzo, saben, estaba solo,
no había con quien cambiar unas palabras,
pero poco a poco logré integrarme, hice algunos amigos.

Formamos un círculo extraordinariamente unido,
discutíamos toda suerte de cuestiones teóricas,
nos sentíamos admirablemente bien,
desembocamos incluso en el suicidio.

...Y de nuevo me descubro solo en el purgatorio
buscando algunas almas más cercanas,
aunque son bastante suspicaces
los purgatorienses con su confusa situación
entre dos mundos;
una muchacha me ama, es bellísima,
tenemos momentos de indecible éxtasis ¡formidable, fantástico!

E incluso estoy a punto de decirle...
Experimentando, la dejo a ella primero,
yo me suicido recién después de ella,
pero la muchacha la sabe por libro y resucita;
y heme solo en el paraíso;
nadie jamás había llegado aquí,
soy el primer hombre, el mundo existe como un proyecto,
algo muy vago
en la cabeza de Dios,
con quien hasta me he amistado de un tiempo a esta parte.

La tristeza existe en todos los niveles,
Dios está desesperado,
miro sus ojos vacíos y me extravío en ellos.
Él se desliza zumbando en los precipicios de mis muertes.
Nos entendemos de maravilla,
Señor, creo que hemos logrado la perfección.
Tú, en primer lugar,
¿qué pasaría si dejamos todo en tinieblas?


Marin Sorescu en La mesa del silencio. Once poetas rumanos contemporáneos. Territorio Poético A. C. 2010. pp. 91-92. selección y traducción de Omar Lara

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