viernes, 29 de diciembre de 2017

Heno - Ted Hughes



La hierba está feliz
De correr como el mar, para ser abrillantada igual que el pelaje de un visón
Por el incesante viento.                                                                 
Su corazón es el clima.
No ama a nadie
                        Mucho menos al granjero que se recarga sobre la verja.

La hierba está feliz
Cuando el sol de junio tuesta las dedaleras en las cercas.
Él viene hacia su flor.
Levanta sus faldas.
A ella no le preocupa
                        El granjero pensativo empieza a tener esperanzas.

La hierba está feliz
De abrir sus perfumes, como un vestido, a través del condado,
Drogando corazones ligeros
Incluso a personas comprometidas
Y a los tontos del mes de abril,
                        Con jubilados confundidos acerca del lugar hacia dónde la vida se fue tan airada.

La hierba está feliz
Cuando las tejedoras caen sobre ella, se platea y se endulza.
Clara como un castillo
La liebre busca su casa
Y el granjero empolvado
                        Busca una nube en forma de mano y un atardecer amarillo.

La hierba feliz
De ser cortejada por el granjero, quien la gana y la lleva a la iglesia en toda su belleza,
Esposa de la Isla.
Se quedan sin suerte los alargados
Eones del Edén
                        Antes de que viniera a cortarla.

Versión Paul Olvera


Tomado de:
Collected poems. Ted Hughes. 1st edition. Edited by Paul Keegan. Farrar, Straus and Giroux. New York. USA. 2003. (Season songs) pp. 317-318

jueves, 30 de noviembre de 2017

384 - Osip Mandelstam


Cómo deseo que pudiese volar
hacia donde nadie pudiera verme,
detrás del rayo de luz
sin dejar rastro alguno.

Pero tú—permite que la luz te abrace.
Esa es la felicidad única.
Aprende de las estrellas el significado
de la luz.

Si es un rayo, si es una luz,
eso es sólo porque
el susurro y la plática de los amantes
la hace fuerte y cálida.

Y quiero decirte
que estoy susurrando,
te estoy ofreciendo al rayo,
pequeño, en susurros.


Voronezh. 23 de marzo de 1937
Versión Paul Olvera

Tomado de: The Selected Poems of Osip Mandelstam. Translated by Clarence Brown and W. S. Merwin. New York Review Books classics. USA. August 2004. p. 96

jueves, 26 de octubre de 2017

Lolita (Poema) - Vladimir Nabokov


Se busca, se busca: Dolores Haze.
Cabello: café. Labios: rojos.
Edad: cinco mil trescientos días.
Profesión: ninguna, o “estrella en ciernes.”

¿Dónde te escondes, Dolores Haze?
¿Por qué te escondes, querida?
(Hablo aturdido, camino en un laberinto,
No puedo salir, el estornino dijo.)

¿Dónde andarás, Dolores Haze?
¿Qué modelo es la alfombra mágica?
¿Es un Cougar Crema el que está a la moda?
¿Y dónde estás estacionada, mi pequeña jaguar?

¿Quién es tu héroe, Dolores Haze?
¿Lo es todavía un artista famoso con gorra triste?
¡Oh, los días templados y las bahías con palmas
Y los carros, y las barras, mi Carmen!

¡Oh, Dolores, esa máquina de discos lastima!
¿Todavía bailas, querida?
(Con tus levis gastados y tus playeras rotas,
Y yo, en mi esquina, ‘gruñendo’).

Muy feliz, muy feliz es el retorcido McFate
Viajando por los Estados Unidos con una niña-esposa,
Arando a su Molly en cada estado,
Entre la salvaje naturaleza protectora.

¡Mi Dolly, mi locura! Sus ojos eran vair,
Y nunca los cerró cuando la besaba.
¿Conoce un perfume antiguo llamado Soleil Vert?
¿Es de Paris, señor?

L’autre soir un air froid d’opéra m’alita:
Son fél –bien fol est qui s’y fie!
Il niege, le décor s’écroule, Lolita!
Lolita, qu’ai-je fait de ta vie?

¡Oficial, oficial, ahí van
En la lluvia, donde la tienda con luces se encuentra!
Y sus calcetines son blancos, y la amo tanto,
Y su nombre es Haze, Dolores.

¡Oficial, oficial, ahí van
Dolores Haze y su amante!
Saque su arma y siga al carro.
Ahora salga disparado y póngase a cubierto.

Se busca, se busca: Dolores Haze.
Su mirada soñolientamente gris nunca se encoje.
Noventa libras es todo lo que pesa
Con una altura de sesenta pulgadas.

Mi auto renguea, Dolores Haze,
Y la última larga vuelta es la más pesada,
Y seré tirado donde la mala hierba se pudre,
Y lo que queda es herrumbre y polvo de estrellas.

Versión Paul Olvera

Tomado de: The Annotated Lolita. Vladimir Nabokov. Edited by Alfred Appel, Jr. Vintage Books. New York. 1991. pp. 255-257


jueves, 28 de septiembre de 2017

Veni Creator - Czeslaw Milosz


Ven, Espíritu Santo,
doblando o no doblando los pastos,
apareciendo o no encima de nuestras cabezas como lengua de fuego,
en las cosechas de heno o cuando aran huertos o cuando la nieve
cubre los mutilados abetos en la Sierra Nevada.
Soy sólo un hombre: necesito de signos invisibles.
Me canso fácilmente, construyendo una escalera de abstracciones.
Muchas veces me pregunté, tú lo sabrás muy bien, que la estatua en la iglesia
levanta su mano, sólo una vez, justamente una vez, por mí.
Pero entiendo que los signos deben ser humanos,
por ello llama a un hombre, de cualquier lugar de la tierra,
no a mí —después de todo tengo algo de decencia—

y no me permite, cuando lo veo a él, maravillarme contigo.


Versión Paul Olvera

Tomado de:
If There is No God: Selected Poetry and Prose of Czeslaw Milosz. Burning Man Books. USA. 2007. E-book.

jueves, 31 de agosto de 2017

El Disparo - Ted Hughes



Tu culto necesitaba un dios.
Donde le hacía falta uno, lo encontraba.
Personas ordinarias se volvieron dioses –
Deificados por tu capricho
Que parecía haber sido diseñado en el nacimiento de un dios.
Era un buscador de dioses. Un hallador de dioses.
Tu Papá te había estado acercando a Dios
Cuando su muerte presionó el gatillo.
                                                           En ese resplandor
Contemplaste toda tu vida. Rebotaste
La longitud de tu carrera Alfa
Con la furia
De una bala a alta velocidad
Que no puede emitir un libra
De energía cinética. El elegido
Más o menos murió en el impacto –
Fueron demasiado mortales para tomarla. Tenían la cabeza llena de cosas
Provisionales, especulativas, meras auras.
Eventos más allá de la barrera del sonido en tu pista de vuelo.
Pero dentro de tu Kleenex empapado de sollozos
Y tus pánicos nocturnos de cada sábado,
Debajo de tu cabello peinado de esta forma y de esta otra,
Detrás de lo que parecían rebotes
Y la cascada de gritos en picada,
Fuiste inamovible.
Estabas vestida con una chaqueta de oro, de plata sólida,
Con las puntas de níquel. La trayectoria perfecta
Como a través del éter. Incluso la cicatriz en la mejilla,
Donde parecías haber untando concreto,
Sirvió como un surco saqueado
Que te conservaba verdadera.
                                               Hasta tu objetivo real
Escondido detrás de mí. Tu Papá,
El dios con la pistola humeante. Por mucho tiempo
Vago como la niebla. Incluso no supe
Que había sido golpeado,
O que te habías ido limpia a través de mí –
Para enterrarte después de todo en el corazón de dios.

En mi lugar, el chamán correcto
Te hubiera capturado al vuelo con sus manos desnudas,
Lanzándote, enfriando, una mano con la otra,
Sin Dios, feliz, quieta.
                                               Arrebaté
Un mechón de tu cabello, tu anillo, tu reloj, tu camisón.



Versión Paul Olvera


Tomado de:
Collected poems. Ted Hughes. 1st edition. Edited by Paul Keegan. Farrar, Straus and Giroux. New York. USA. 2003. Birthday Letters. pp. 1052-1053




domingo, 18 de junio de 2017

DOS POEMAS EN INGLÉS - Jorge Luis Borges


Para Beatriz Bibiloni Webster de Bulleich

I

La inútil madrugada me encuentra en la esquina de una calle desierta; he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas imponentes: olas azuloscuras con crestas pesadas, cargadas de tonalidades de profunda podredumbre, cargadas de cosas improbables y deseadas.
Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y negativas, de cosas dadas a medias, medio ocultas, de alegrías con un hemisferio oscuro. Las noches actúan de esta manera, te digo.
El arrebato, esa noche, me dejó los jirones de costumbre y finales extraños: unos amigos odiados con quien platicar, música para los sueños, y el fuego de cenizas amargas. Cosas para las que mi corazón hambriento no encuentra un uso.
La gran ola te trajo.
Palabras, cualquier palabra, tu risa; y tú tan incesante e indolentemente hermosa. Hablamos y has olvidado las palabras.
La madrugada aplastante me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
Tu perfil se ha marchado, los sonidos que van y crean tu nombre, la inclinación de tu risa: estos son juguetes ilustres que me has dejado.
Los volteo en el amanecer, los pierdo, los encuentro; les cuento a unos cuantos perros callejeros y a las pocas estrellas callejeras de la madrugada.
Tu rica vida oscura…

Debo ir a donde estás, de algún modo: guardo aquellos juguetes ilustres que me has dejado, quiero tu apariencia escondida, tu sonrisa real –esa sonrisa solitaria y sarcástica que tu espejo indiferente conoce.


II

¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco calles pobres, puestas de sol desesperadas, la luna de los suburbios dentados.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado por mucho tiempo a la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los hombres han honrado en bronce: el padre de mi padre asesinado en la frontera con Buenos Aires, dos balas atravesando sus pulmones, barbudo y muerto, envuelto por sus soldados en la piel de una vaca; el abuelo de mi madre –con sólo veinticuatro– liderando a un grupo de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas sobre caballos desvanecidos.
Te ofrezco cualquier conocimiento que mis libros contengan, cualquier virilidad o humor de vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco aquel fruto mío que he guardado, de laguna manera –el corazón primordial que no lidia con palabras, no trafica con sueños y nunca fue tocado por el tiempo, la alegría, las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista al crepúsculo, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre ti, auténticas y sorpresivas noticias sobre ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; estoy intentando comprarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

1934


Versión Paul Olvera


Tomado de:
Borges, Jorge Luis. Poesía Completa. Random House Mondadori. México. 2011. pp. 169-170

lunes, 29 de mayo de 2017

Una Historia a la Hora de Dormir - Ted Hughes


Había una vez una persona
Casi una persona

Por alguna razón no podía ver muy bien
Por alguna razón no podía oír muy bien
No podía pensar muy bien
Por alguna razón, su cuerpo, por ejemplo,
Era intermitente

Podía ver el pan que cortaba
Podía ver las letras de las palabras que leía
Podía ver las arrugas en las manos que miraba
O el ojo de una persona
O un oído, o un pie, o el otro pie
Pero por alguna razón no podía ver muy bien

Sin embargo el Gran Cañón se extendía ampliamente
Como una operación quirúrgica para él
Pero por alguna razón él tenía sólo medio rostro
Y por alguna razón sus piernas habían desaparecido en ese instante
Y aunque alguien estaba hablando él no podía oír
Aunque su cámara afortunadamente funcionaba
El lecho del mar disipó su intimidad
Y mostró su pez más escondido
Él miro fijamente anduvo a tientas tratando de sentir
Pero sus manos eran extrañas pezuñas justo en el momento preciso
Y aunque sus ojos funcionaban bien
Su cabeza era una medusa, nada podía conectar
Y las fotografías fueron borrosas
Una gran batalla marina interrumpió con una explosión
Como si diera la bienvenida a su mirada
Un terremoto sacudió una ciudad sobre su gente
Justo antes de que él llegará
Con sus ojos de goma con su oreja de cuerda
Y las chicas más hermosas
Posaron sus rostros sobre su almohada mirándolo a los ojos
Pero por alguna razón sus ojos estaban vueltos hacía atrás
Él río suspiró pero por alguna razón no pudo escuchar
Él se apretó y arañó pero por alguna razón sus dedos nada atrapaban
Por alguna razón él era un bebé de alquitrán
Por alguna razón alguien estaba derramando su cerebro en una
Por alguna razón él había llegado muy tarde                            [botella
Y era un montón de pedazos debajo de una sábana
Y cuando el monstruo marino salió y contempló el bote de remos
Por alguna razón sus ojos no pudieron parpadear
Y cuando vio la cabeza del hombre cercenada con un hacha
Por alguna razón mirando fijamente todo su rostro
Justo en el momento crucial
Entonces se deshizo completamente de esto de nuevo
Como si nada hubiera pasado

Entonces simplemente continuó y comió lo que podía
E hizo lo que podía
Y tomó lo que podía
Y miró lo que podía

Luego se sentó a escribir su autobiografía

Pero por alguna razón sus brazos eran sólo trozos de ramas
Por alguna razón sus intestinos era una vieja cadena de reloj
Por alguna razón sus pies eran dos viejas postales
Por alguna razón su cabeza era un cristal roto

“Me doy por vencido,” dijo. Se dio por vencido.

La Creación había fallado otra vez.

Versión Paul Olvera

Tomado de:
Collected poems. Ted Hughes. 1st edition. Edited by Paul Keegan. Farrar, Straus and Giroux. New York. USA. 2003. pp. 245-246

miércoles, 26 de abril de 2017

Los Hombres Huecos - T. S. Eliot


Una moneda para este Pobre Hombre

I

Somos los hombres huecos
Somos los hombres de paja
Apoyados unos sobre otros
Cabezas atiborradas de heno. ¡Ay!
Nuestras voces secas, cuando
Murmuramos todos juntos
Son silenciosas y sin sentido
Como el viento sobre el pasto seco
O los pies de las ratas sobre vasos rotos
En nuestro sótano árido

Figura sin forma, sombra sin color,
Fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

Aquellos que han cruzado
Con ojos concentrados, hacia el otro Reino de la muerte
Recuérdenos – si acaso – no como las almas
Violentas y perdidas, sino
Como los hombres huecos
Los hombres de paja.

II

Ojos que no me atrevo a ver en sueños
En el reino de ensueño de la Muerte
Estos no aparecen:
Ahí, los ojos son
Luz solar sobre una columna destrozada
Ahí, hay un árbol columpiándose
Y las voces se encuentran
En el canto del viento
Más alejadas y más solemnes
Que una estrella a punto de morir.

Déjame no estar más cercano
En el reino de ensueño de la muerte
Déjame también usar
Disfraces intencionados
Abrigos de rata, piel de cuervo, báculos cruzados
En un campo
Comportándose como el viento se comporta
No más cercano –

Sin aquella última reunión
En el reino del crepúsculo

III

Este es la tierra sin vida
Esta es la tierra del cactus
Aquí las imágenes de piedra
Son erigidas, aquí reciben
Los ruegos de la mano de un hombre muerto
Debajo del titilar de una estrella a punto de morir.

Sucede lo mismo
En el otro reino de la muerte
Despertando a solas
A la hora cuando estamos
Temblando de ternura
Labios que besarían
Forman oraciones dirigidas a la piedra destrozada.

IV

Los ojos no están aquí
No hay ojos aquí
En este valle de estrellas moribundas
En este valle hueco
Esta mandíbula destrozada de nuestros reinos perdidos.

En este lugar último donde nos encontramos
Vamos a tientas
Y evitamos hablar
Reunidos en esta playa sobre el río tumefacto

Ciegos, aunque
Los ojos reaparezcan
Como la estrella perpetua
Rosa plurihojal
Del reino crepuscular de la muerte
La esperanza sólo
De los hombres vacíos.

V

Aquí caminamos alrededor de los nopales
Los nopales los nopales
Aquí caminamos alrededor de los nopales
A las cinco en punto de la mañana.

Entre la idea
Y la realidad
Entre el movimiento
Y el acto
Cae la Sombra
Porque Tuyo es el Reino

Entre la concepción
Y la creación
Entre la emoción
Y la respuesta
Cae la Sombra

La vida es muy larga

Entre el deseo
Y el espasmo
Entre la potencia
Y la existencia
Entre la esencia
Y la pendiente
Cae la Sombra
Porque Tuyo es el Reino

Porque Tuyo es
La vida es
Porque Tuyo es el

De esta manera es como el mundo llega a su fin
De esta manera es como el mundo llega a su fin
De esta manera es como el mundo llega a su fin
No con un golpe sino con un quejido.


Versión Paul Olvera


Tomado de:
Let Us Go Then, You and I Selected Poems. T. S. Eliot. Faber and Faber. UK. 2009. pp. 65-70

jueves, 30 de marzo de 2017

Epígrafe de "Alicia a través del espejo" - Charles Lutwidge Dodgson


¡Niña de frente pura y apacible
Y de asombrados ojos soñadores!
Aunque el tiempo haya huido, y yo y tú
Estemos la mitad de una vida separados,
Tu sonrisa cariñosa seguramente acogerá
El regalo amoroso de un cuento de hadas.

No he visto tu rostro resplandeciente como el sol
Tampoco escuchado tu risa plateada;
Ningún pensamiento sobre mí encontrará un sitio
En tu juventud de aquí en adelante –
Suficiente con que ahora no te niegues
A escuchar mi cuento de hadas.

Un cuento que inició en otros días,
Cuando los soles de verano estuvieron brillando –
Una campanada simple, acompasaba
El ritmo de nuestros remos –
Cuyos ecos aún viven en mi memoria,
A pesar de que los años envidiosos dijeron “olvida”.

¡Ven, pues, a escuchar, antes que la voz temerosa,
Cargada con mareas amargas,
Convoque a la cama inoportuna
Una doncella melancólica!
No somos más que niños avejentados, querida,
Quienes se preocupan al descubrir que la hora de ir a la cama está cerca.

Afuera, la escarcha, la nieve cegadora,
La locura temperamental de los vientos de tormenta –
Dentro, el brillo rubicundo de la luz del fuego
    Y el nido infantil de la alegría.
Las palabras mágicas te cargarán rápido:
No pondrás atención al huracán violento.

Y aunque la sombra de un suspiro
Tiemble a través de la historia
Porque “los días felices de verano” se han ido,
Y hecho desaparecer la gloria de aquel estío –
No te tocará con el aliento de algún enojo
Lo agradable de nuestra historia de hadas.

Versión Paul Olvera

Tomado de:
The Complete Illustrated Lewis Carroll. Lewis Carroll (Charles Lutwidge Dodgson). Wordsworth Editions. Great Britain. 2008. pp. 119-120.


lunes, 27 de febrero de 2017

Al Lenguaje Alemán - Osip Mandelstam


Destruyéndome a mí mismo, contradiciéndome a mí mismo,
como una polilla volando dentro de la llama de la medianoche,
de repente todo lo que me ata a nuestro lenguaje
me tienta a dejarlo.

¿Qué es lo que hay en medio de nosotros? Alabanza sin adulación.
Insensible amistad, cara a cara.
Permite que una familia extranjera, a nuestro occidente,
nos enseñe seriedad y honor.

Poesía, tú haces que las tormentas sean benéficas.
Recuerdo a un oficial alemán,
la empuñadura de su espada cubierta de rosas

y Ceres sobre sus labios.

En aquel tiempo, en Frankfurt, los padres estaban bostezando,
y nadie aún había escuchado de Goethe,
estaban escribiendo himnos, sementales estaban haciendo cabriolas
en sus lugares, como si fueran letras del alfabeto.

Amigos, díganme, ¿en qué Walhalla
rompimos nueces juntos, ustedes y yo?
¿Qué libertad fue nuestra para gastarla como quisiéramos,
qué puntos de referencia dejaron para mí?

Y corrimos directamente desde lo que se conocía en el primer rango
de una página de un almanaque
bajo pasos superficiales, sin miedo, hacia la tumba,
como si fuéramos a un sótano a sacar una jarra de Moselle.

Un lenguaje extranjero será mi ropa abrigadora.
Hace mucho tiempo antes de que me atreviera a nacer
era una letra del alfabeto, un verso igual que una vid,
era el libro que todos ustedes ven en sueños.

Cuando estaba dormido y sin ningún gesto
la amistad me despertó como un disparo.
Dios de los ruiseñores, permite que el destino de Pilades sea mío,
o arráncame la lengua, pues ya no me sirve para nada.

Dios de los ruiseñores, estoy siendo reclutado todavía
para nuevas plagas, para siete años de masacres.
El sonido se ha marchitado, las palabras son roncas y rebeldes,
pero estás aún con vida, y contigo me encuentro en paz.

8-12 de agosto de 1932

Versión de Paul Olvera

Tomado de: The Selected Poems of Osip Mandelstam. Translated by Clarence Brown and W. S. Merwin. New York Review Books classics. USA. August 2004. pp. 65-66

domingo, 29 de enero de 2017

Un Desastre -Ted Hughes


Llegaron noticias de una palabra.
Cuervo la contempló matando a los hombres. Él comió bien.
Él la contempló reducir
Ciudades completas a escombros. De nuevo él comió bien.
Él contempló su excremento envenenado los mares.
Él se volvió más precavido.
Él contempló su aliento quemando tierras completas
Hasta volverlas polvo carbonizado.
Él voló lúcido y miró.

La palabra continúo su camino, toda boca,
Sin orejas, sin ojos.
Él la contempló succionando las ciudades
Como los pezones de una cerda
Bebiéndose a toda la gente
Hasta que ninguno de ellos quedó,
Todos digeridos dentro de la palabra.

Hambrienta, la palabra colocó sus grandes labios
Sobre las protuberancias de la tierra, como una lamprea gigante
Ahí empezó a succionar.

Pero su esfuerzo la debilitó.
No podía digerir nada que no fuera gente.
Entonces se encogió, volviéndose débil,
Encharcándose
Como un hongo que se colapsa.
Al final, un lago salado y seco.
Su era había terminado.
Todo lo que quedaba de ella era un frágil desierto
Deslumbrando con los huesos de las personas


Sobre los cuales Cuervo meditando caminaba.

Versión Paul Olvera

Tomado de:
Collected poems. Ted Hughes. 1st edition. Edited by Paul Keegan. Farrar, Straus and Giroux. New York. USA. 2003. pp. 226-227