martes, 20 de enero de 2015

Cumpleaños - Álvaro de Campos


En aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños
yo era feliz y nadie estaba muerto.
En la casa antigua, incluso el día de mi cumpleaños era una tradición de hace siglos
y la alegría de todos, y la mía, era evidente como una religión cualquiera.

En aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños
yo disfrutaba de la buena salud que era no entender cosa alguna,
de ser inteligente a los ojos de mi familia,
y de no tener las esperanzas que otros tenían por mí.
Cuando empecé a tener esperanzas, ya no sabía cómo tener esperanzas.
Cuando empecé a mirar la vida, ésta había perdido todo sentido para mí.

Sí, aquel quien suponía ser yo,
el que fui de corazón y parentesco,
el que fui de saraos medio provincianos,
el que fui de que me amaran y de ser yo niño,
el que fui, ay, ¡Dios Mío!, el que sólo hoy sé que fui…
¡A qué distancia!...
(ni el eco…)

¡Aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños!

El que hoy soy es como la humedad en el corredor del fondo de la casa,
poniendo espigas en las paredes…
El que hoy soy (y la casa de los que me amaron tiembla a través de mis lágrimas),
el que hoy soy es que ellos hayan vendido la casa,
es haberse muerto todos,
es estar yo superviviente de mí mismo como una cerilla fría…

En aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños…
¡Qué mi amor, como una persona, ese tiempo!
Deseo físico del alma de encontrarse ahí otra vez,
por un viaje metafísico y carnal,
con una dualidad de yo para mí…
¡Comer el pasado como pan de hambre, sin tiempo de mantequilla en los dientes!

Veo todo otra vez nuevo con una nitidez que me ciega para lo que hay aquí…
la mesa puesta con más cubiertos, con mejores diseños la losa, con más vasos,
el aparador con muchas cosas —dulces, frutas, el resto de la sombra debajo de la fachada—,
las tías viejas, los primos diferentes, y todo era por mi causa,
en aquel tiempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños…

¡Párate corazón mío!
¡No pienses! ¡Deja el pensar a la cabeza!
¡Oh Dios mío, Dios mío, Dios mío!
Hoy ya no cumplo años.
Duro.
Se me suman los días.
Seré viejo cuando deba serlo.
¡Rabia de no haber traído el pasado robado en el bolsillo!

¡En aquel tempo cuando solían celebrar el día de mi cumpleaños!…


Álvaro de Campos


13 de junio de 1930

En "Pessoa Obra Poética" Tomo 2, Edición Bilingüe. Libros Rio Nuevo. Ediciones 29. España. 2007. Pp. 260-263. Versión propia y basada en la de Miguel Ángel Viqueira y Richard Zenith.

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