martes, 26 de mayo de 2015

Miércoles de Ceniza – T. S. Eliot (Parte 2)


II

Señora, tres leopardos blancos se sentaron debajo de un enebro
En la frescura del día, habiendo comido hasta la saciedad
De mis piernas mi corazón mi hígado y todo lo que estaba dentro
Del hueco redondo de mi cráneo. Y Dios dijo
¿Deben estos huesos vivir? ¿Deben estos
Huesos vivir? Y lo que ha estado contenido
En los huesos (los cuales se encontraban ya secos) dijo gorgojando:
Debido a la bondad de esta Señora
Y debido a su encanto, y porque
Ella honra a la Virgen en sus meditaciones,
Nosotros resplandecemos con luminosidad. Y yo, quien estoy aquí escondido,
Ofrezco mis hazañas al olvido, y mi amor
A la posteridad del desierto y a la frutos de la calabaza.
Es esto lo que se recobra
Mis intestinos las cuerdas de mis ojos y las porciones indigestibles
Que los leopardos han rechazado. La Señora se retira
Con una toga blanca, hacia la contemplación, con una toga blanca.
Permitámosle a la blancura de los huesos lamentarse por el olvido.
No hay vida en ellos. Porque he sido olvidado
Y seré olvidado, entonces olvidaré
así devoto, concentrado a propósito. Y Dios dijo
Profetiza al viento, y sólo el viento sólo
El viento escuchará. Y los huesos cantaron gorgojando
Con la carga del saltamontes, diciendo

Señora de los silencios
Con calma y angustiada
Hecha pedazos y casi completa
Rosa de la memoria
Rosa del completo olvido
Cansada y dadora de vida
Descansando preocupada
La única Rosa
Es ahora el Jardín
Donde todos los amores acaban
Termina el tormento
Del amor insatisfecho
El más grande tormento
Del amor satisfecho
Fin de lo infinito
Viaje sin un destino
Conclusión de todo aquello
Que es inconcluible
Discurso sin palabra y
Palabra carente de discurso
Gracia a la Madre
Por el Jardín
Donde todo amor termina.

Debajo del enebro los huesos cantaron, se esparcieron y resplandecieron
Estamos felices de ser esparcidos, hicimos poco bien el uno por el otro,
Debajo de un árbol en la frescura del día, con la bendición de la arena,
Olvidándonos nosotros mismos y a los otros, unidos
En la quietud del desierto. Esta es la tierra que tú
Dividirás entre muchos. Y ninguna división ni unidad
Importa. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.


Traducción Pavlo Aurel 

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