El día ha llegado a su
fin, el sol invernal
Se ha puesto sobre el cielo
plomizo;
Y lúgubre el curso por
donde ha caminado,
Y tenues los rayos que
poco a poco enmudecen.
Ninguna estrella
alumbrará mi noche que se acerca;
Ninguna luna de
esperanza brillará por mí;
Llevo un luto que
ningún cielo podría soportar ante su mirada,
Y nunca añoré ningún
sendero divino.
A pesar de la difícil
tarea de la vida, yo no pedí
Ayuda celestial, ánimo
divino:
Miré a mi destino sin
su máscara,
Y lo enfrenté,
también, sin derramar una lágrima.
La pena que presiona
este pecho aún palpitante
Fue más pesada de lo
que la tierra puede ser;
¿Y quién tendría temor
al descanso eterno
Cuando la jornada de
trabajo fue la agonía?
La oscuridad hace descender
el miedo de esta desesperación
Sobre los espíritus
que nacieron para ser felices;
Pero yo fui criada
como la compañera del cuidado,
La niña acogida por la
dolorosa angustia.
Ningún suspiro para
mí, nada de simpatía,
Ningún deseo quede
guardado debajo de mi alma;
Mi corazón está muerto
desde mi niñez,
Impaciente por dejar
que el cuerpo se marche.
2 de febrero de 1844.
Traducción Pavlo Aurel
Tomado de: Wuthering
Heights. Emily Brontë. Heinemann Educational Books Ltd.
Great Britain. 1973. pp. 294-295.