domingo, 18 de junio de 2017

DOS POEMAS EN INGLÉS - Jorge Luis Borges


Para Beatriz Bibiloni Webster de Bulleich

I

La inútil madrugada me encuentra en la esquina de una calle desierta; he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas imponentes: olas azuloscuras con crestas pesadas, cargadas de tonalidades de profunda podredumbre, cargadas de cosas improbables y deseadas.
Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y negativas, de cosas dadas a medias, medio ocultas, de alegrías con un hemisferio oscuro. Las noches actúan de esta manera, te digo.
El arrebato, esa noche, me dejó los jirones de costumbre y finales extraños: unos amigos odiados con quien platicar, música para los sueños, y el fuego de cenizas amargas. Cosas para las que mi corazón hambriento no encuentra un uso.
La gran ola te trajo.
Palabras, cualquier palabra, tu risa; y tú tan incesante e indolentemente hermosa. Hablamos y has olvidado las palabras.
La madrugada aplastante me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
Tu perfil se ha marchado, los sonidos que van y crean tu nombre, la inclinación de tu risa: estos son juguetes ilustres que me has dejado.
Los volteo en el amanecer, los pierdo, los encuentro; les cuento a unos cuantos perros callejeros y a las pocas estrellas callejeras de la madrugada.
Tu rica vida oscura…

Debo ir a donde estás, de algún modo: guardo aquellos juguetes ilustres que me has dejado, quiero tu apariencia escondida, tu sonrisa real –esa sonrisa solitaria y sarcástica que tu espejo indiferente conoce.


II

¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco calles pobres, puestas de sol desesperadas, la luna de los suburbios dentados.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado por mucho tiempo a la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los hombres han honrado en bronce: el padre de mi padre asesinado en la frontera con Buenos Aires, dos balas atravesando sus pulmones, barbudo y muerto, envuelto por sus soldados en la piel de una vaca; el abuelo de mi madre –con sólo veinticuatro– liderando a un grupo de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas sobre caballos desvanecidos.
Te ofrezco cualquier conocimiento que mis libros contengan, cualquier virilidad o humor de vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco aquel fruto mío que he guardado, de laguna manera –el corazón primordial que no lidia con palabras, no trafica con sueños y nunca fue tocado por el tiempo, la alegría, las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista al crepúsculo, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre ti, auténticas y sorpresivas noticias sobre ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; estoy intentando comprarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

1934


Versión Paul Olvera


Tomado de:
Borges, Jorge Luis. Poesía Completa. Random House Mondadori. México. 2011. pp. 169-170