domingo, 30 de octubre de 2016

Tristia - Osip Mandelstam


He estudiado la ciencia de los adioses,
la cabeza descubierta de los lamentos de la noche.
Las prolongadas esperas mientras los bueyes mastican.
En el pueblo la última hora del reloj.
Y me he inclinado ante el final de la noche proclamado en la garganta del gallo
cuando los ojos rojos de tanto llorar levantaron su carga
de amargura y miraron a la distancia
y el llanto de las mujeres y de las Musas se hizo uno.

¿Quién puede distinguir en el sonido de la palabra “despedida”
qué clase de aflicciones nos esperan,
qué es lo que promete el gallo con ruidosa sorpresa
cuando la luz nos muestra en la Acrópolis,
la madrugada de una nueva vida,
el buey todavía columpiando sus mandíbulas en el pasaje externo,
o por qué el gallo, anunciando la nueva vida,
bate sus alas sobre las murallas?

Una cosa que amo es la acción de girar:
el palpitante ir y venir, el zumbido de un engranaje,
y mira, como un cisne desciende hacia nosotros,
Delial, la pastora descalza, volando—
¡Oh indigencia en la raíz de nuestras vidas,
qué tan pobre es el lenguaje de la felicidad!
Todo ya ha sucedido antes y volverá a suceder de nuevo,
pero todavía el instante de cada encuentro es dulce.

Amén. La figura pequeña y transparente
yace sobre el plato límpido de la tierra
como la piel estirada de una ardilla.
Una chica se inclina a estudiar la cera.
¿Quiénes somos para adivinar lo que hay en el infierno de los Griegos?
Cera para las mujeres, bronce para los hombres:
tenemos que responsabilizarnos de las cosas en el campo, luchando,
pero para ellos la muerte viene como si predijeran fortunas.
1918


l. 20: Delia es un nombre tradicional para la pastora enamorada de la poesía bucólica. El nombre aparece unas cuantas veces en algunos poemas jóvenes de Pushkin.

Versión Pavlo Aurel

Tomado de:
The Selected Poems of Osip Mandelstam. Translated by Clarence Brown and W. S. Merwin. New York Review Books classics. USA. August 2004. pp. 23-24.

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