He estudiado la
ciencia de los adioses,
la cabeza descubierta
de los lamentos de la noche.
Las prolongadas
esperas mientras los bueyes mastican.
En el pueblo la última
hora del reloj.
Y me he inclinado ante el final de la noche
proclamado en la garganta del gallo
cuando los ojos rojos
de tanto llorar levantaron su carga
de amargura y miraron
a la distancia
y el llanto de las
mujeres y de las Musas se hizo uno.
¿Quién puede
distinguir en el sonido de la palabra “despedida”
qué clase de
aflicciones nos esperan,
qué es lo que promete
el gallo con ruidosa sorpresa
cuando la luz nos
muestra en la Acrópolis,
la madrugada de una
nueva vida,
el buey todavía columpiando
sus mandíbulas en el pasaje externo,
o por qué el gallo,
anunciando la nueva vida,
bate sus alas sobre
las murallas?
Una cosa que amo es la
acción de girar:
el palpitante ir y
venir, el zumbido de un engranaje,
y mira, como un cisne
desciende hacia nosotros,
Delial, la
pastora descalza, volando—
¡Oh indigencia en la
raíz de nuestras vidas,
qué tan pobre es el
lenguaje de la felicidad!
Todo ya ha sucedido antes
y volverá a suceder de nuevo,
pero todavía el
instante de cada encuentro es dulce.
Amén. La figura
pequeña y transparente
yace sobre el plato
límpido de la tierra
como la piel estirada
de una ardilla.
Una chica se inclina a
estudiar la cera.
¿Quiénes somos para
adivinar lo que hay en el infierno de los Griegos?
Cera para las mujeres,
bronce para los hombres:
tenemos que
responsabilizarnos de las cosas en el campo, luchando,
pero para ellos la
muerte viene como si predijeran fortunas.
1918
l. 20: Delia es un nombre tradicional para la pastora
enamorada de la poesía bucólica. El nombre aparece unas cuantas veces en
algunos poemas jóvenes de Pushkin.
Versión Pavlo Aurel
Tomado de:
The Selected Poems of Osip Mandelstam. Translated by Clarence Brown and
W. S. Merwin. New York Review Books classics. USA. August 2004. pp. 23-24.
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