martes, 29 de marzo de 2016

La Canción de Amor de J. Alfred Prufrock - T. S. Eliot


S’io credessi che mia riposta fosse
a persona che mai tornasse al mondo,
questa fiamma staria senza più scosse.
Ma per ciò che giamai di questo fondo
non tornò vivo alcun, s’i’odo il vero,
senza tema d’infamia ti rispondo.

Entonces vayamos, tú y yo,
Cuando la noche se haya acostado sobre el cielo
Como un paciente anestesiado sobre una mesa;
Vayamos, a través de verdaderas calles medio desiertas,
La retirada murmurante
De noches sin descanso en hoteles baratos de una sola noche
Y restaurantes de aserrín con conchas de ostras:
Calles que siguen un argumento tedioso
De intento insidioso
Que te dirigen a una pregunta aplastante …
Oh, no preguntes, “¿Qué es eso?”
Vayamos y hagamos nuestra visita.

En el cuarto las mujeres vienen y van
Hablan sobre Miguel Ángel.

La niebla amarilla que frota su espalada sobre las ventanas,
El humo amarillo que frota su hocico sobre las ventanas,
Lamiendo con su lengua entre las esquinas de la noche,
Perdurando sobre las piscinas que están en el desagüe,
Deja que caiga sobre su espalda el hollín que cae de las chimeneas,
Deslizándose por la terraza, dando un salto sorpresivo,
Y viendo que era una suave noche de octubre,
Enroscado cerca de la casa, y a punto de dormir.

Y de hecho habrá tiempo
Para el humo amarillo que se desliza por la calle
Frotando su espalda sobre las ventanas;

Habrá tiempo, habrá tiempo
Para preparar un rostro que vea otros rostros que tú encontrarás;
Habrá tiempo para asesinar y crear,
Y tiempo para todos los trabajos y los días de manos
Que levantan y arrojan una pregunta sobre tu plato;
Tiempo para ti y tiempo para mí,
Y tiempo aún para cien incertidumbres,
Y para cien visiones y repasos
Antes de tomar tostadas y té.

En el cuarto las mujeres vienen y van
Hablan sobre Miguel Ángel.

Y de hecho habrá tiempo
Para preguntarse, “¿Me atreveré?” y “¿Me atreveré?”
Tiempo para regresar y descender por la escalera,
Con un lugar desgastado en medio del cabello –
(Dirán: “¡Mira como su cabello está desapareciendo!”)
Mi abrigo matutino, mi collar ajustado firmemente hasta mi barbilla,
Mi moño rico y modesto, pero amarrado con un simple alfiler –
(Dirán: “¡Pero qué tan delgados son sus brazos y piernas!”)
¿Me atreveré
A perturbar al universo?
En un minuto hay tiempo
Para incertidumbres y repasos que un minuto puede dar marcha atrás.

Porque ya los he conocido a todos, conocido a todos –
He conocido las noches, las mañanas, las tardes,
He medido mi vida con la cuchara del café;
Conozco las voces que mueren con una caída agonizante
Debajo de la música de un cuarto alejado.
   Así que ¿cómo debería suponerlo?

Y ya he conocido todos los ojos, conocido a todos –
Los ojos que te miran fijamente con una frase ya hecha,
Y cuando ya estoy hecho, extendido sobre un alfiler,
Cuando estoy clavado y retorciéndome sobre el muro,
Entonces, ¿cómo debería empezar
A escupir todos los finales de mis días y mis maneras?
   ¿Y cómo debería suponerlo?

Y ya he conocido todos los brazos, conocido a todos –
Brazos con pulseras, blancos y desnudos
(¡Pero a la luz de las lámparas, poblados de vello café claro!)
¿Es el perfume de un vestido
El que me hace tan indeciso?
Brazos que yacen sobre una mesa, envueltos con un chal,
   ¿Y entonces debería suponerlo?
   ¿Y cómo debería empezar?

·   ·   ·   ·   ·

¿Debería decir, he caminado en la madrugada por calles estrechas
Y visto el humo que sale de las cañerías
De hombres solitarios en camisa, inclinándose fuera de las ventanas?

Debí de haber sido un par de garras andrajosas
Hundidas entre los pisos de mares silenciosos

·   ·   ·   ·   ·

¡Y la tarde, la noche, duerme tan plácidamente!
Alisada por dedos largos,
Dormida … cansada … o quejumbrosa,
Extendida sobre el suelo, aquí al lado tuyo y mío.
¿Debería, después del té y los pasteles y el helado,
Tener la fuerza para obligar al momento a ir a su crisis?
Pero aunque he llorado y ayunado, llorado y rezado,
Aunque he visto mi cabeza (un poco calva) traída sobre una charola
No soy un profeta – y no discuto un tema importante;
He visto el momento de mi gran parpadeo,
Y he visto al Mayordomo eterno tomar mi abrigo, y mi risa,
Y debido a eso, tuve miedo.

¿Y si hubiera valido la pena, después de todo,
Después de las tazas, la mermelada, el té,
En medio de la porcelana, en medio de una plática sobre ti y sobre mí,
Si hubiera valido la pena,
Haber hablado sobre el tema con una sonrisa,
Haber exprimido el universo dentro de una pelota
Para hacerla rodar hacia una pregunta aplastante,
Decir: “Soy Lázaro, he venido desde los muertos,
He venido a contarles todo, debo contarles todo” –
Si alguien, colocando una almohada cerca de su cabeza,
   Hubiera dicho: “Eso no es lo que quise decir del todo.
   Eso no lo es, del todo.”

¿Y si hubiera valido la pena, después de todo,
Si hubiera valido la pena,
Después de las puestas de sol y la puerta del jardín y las calles con rocío
Después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que dejaron su rastro por el piso –
Y esto, y aún mucho más? –
¡Es imposible decir lo que quiero expresar!
Pero como si una linterna mágica arrojara los nervios todos alineados sobre la pantalla:
Si hubiera valido la pena
Si alguien, colocando una almohada o quitándose un chal,
Y volviéndose hacia la ventana, hubiera dicho:
   “Eso no lo es del todo,
   Eso no es lo que quise decir del todo.”

·   ·   ·   ·   ·

¡No! No soy el Príncipe Hamlet, tampoco se supone que lo sea;
Soy un ayudante, alguien que hará
Para lograr un avance, una escena o dos,
Avisar al príncipe; sin duda, una herramienta fácil,
Diferencial, contento de servir para algo,
Político, precavido, y meticuloso,
Lleno de frases elevadas, pero un poco obtuso;
Algunas veces, de hecho, casi ridículo –
Casi, a veces, el Tonto.

Envejezco … envejezco …
Debo de usar mis pantalones con un dobladillo.

¿Debo peinarme con una línea detrás? ¿Me atreveré a comer un durazno?
Debo utilizar pantalones blancos de franela, y caminar sobre la playa.
He escuchado a las sirenas cantar, una a una.

No creo que canten para mí.

Las he visto cabalgar las algas sobre las olas
Peinando el cabello blanco de las olas que vuelven
Cuando el viento sopla el agua blanca y negra.

Nos instalamos en los aposentos del mar
Cerca de chicas marinas coronadas con algas rojas y cafés
Hasta que las voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.

Versión de Pavlo Aurel


Tomado de: Let Us Go Then, You and I Selected Poems. T. S. Eliot. Faber and Faber. UK. 2009. pp. 3-7

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