La calle ensordecedora en torno a mí aullaba.
Alta, esbelta, de luto, dolor majestuoso,
una mujer pasó, con su mano fastuosa
levantando y meciendo, festón y dobladillo;
ágil y noble, con su pierna de estatua.
Yo, bebía, crispado como un extravagante,
de sus ojos, cielo lívido donde el huracán germina,
la dulzura que seduce y el placer que mata.
¡Un relámpago… y después la noche! – Belleza fugitiva
cuya mirada me hizo renacer de repente,
¿ya no te veré más sino en la eternidad?
¡Por cierto, muy lejos! ¡Demasiado tarde!
Pues ignoro a dónde huyes, y tú no sabes a dónde voy,
¡oh tú, a quien habría amado, oh tú, que lo sabías!
Versión Pavlo Aurel
Tomado de:
Les fleurs du mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario